La Cubanidad y la inmunología cultural (breve impulso teórico)

Por: Dr. Callejas

Si el éxito de la vida biológica depende del funcionamiento de un sistema inmunitario, a la vida cultural también no le es ajena el comportamiento de un sistema inmunológico interno. Lo que denominamos con la expresión cultura se asemeja a la configuración de un sistema protector de la vida en sociedades. La existencia del hombre tanto natural como histórica dependen de un sistema inmunológico que constituye la forma del espacio y el envase para proteger a los hombres. En las culturas existen los  sistemas protectores y defensas inmunosocial que se ocupan de preservar la vida ante las  expectativas de las lesiones psico-política y sociales.

Lamentablemente, en los estudios sobre la cultura cubana no aparecen enfoques de esta naturaleza. El positivismo en la literatura, la filosofía y la historiografía anulan cualquier atisbo por el momento. Un elemento tratado con impunidad sigue siendo  la religión en Cuba, sobre todo los sistemas mágicos de origen africano. Otros aspectos de la cultura que se descuidan como el derecho y la libertad necesitan ser revaluados.

Cuando Fernando Ortiz evaluó en una síntesis cuáles factores humanos constituían la esencia de la cubanidad no enfocaba la  forma inmunológica cultural respecto a un tipo de lesión posible (aculturación), sino ponía énfasis en el  discurso etno-histórico para demostrar la consonancia con el destino. La fuerza de la narrativa del saber sobre los temas culturales imposibilitaba  el acercamiento  y el esclarecimiento de las esencias de la cultura,  los objetivos y  la importancia de las estructuras sociales como escudos  de protección, cuidado y vida.

Un punto que pudo ser aprovechado mejor fue el enfoque sociográfico de la cubanidad por Elías Entralgo, cuando aún no se tratara directamente de objetivos inmunológicos. Una geografía social de los fenómenos culturales al estilo de la Geografía evolutiva escrita por Eugenio María de Hostos iba, a la postre, a cambiar el panorama de la esencia de cubanidad, de la cubanidad occidentalcentrista a la  cubanidad histórica de los espacios regionales y locales. En este empeño, que tampoco tuvo un carácter inmunológico, se destaca la obra de Juan Pérez de la Riva sobre La conquista del espacio cubano.

La transculturación en este contexto fue el eje conceptual de la explicación historicista. Podemos apreciar desde la noción hasta qué punto la identidad cultural se moviliza para configurarse en el tiempo y explicar el contenido sobre la base del sujeto temporal.  La transculturación en el contexto etnológico busca el funcionamiento de la cultura, no el eje inmunológico de la misma. Desde luego, el funcionalismo de la transculturación oculta otros temas viables para la esencia de la cubanidad. Las cosas funcionan porque detrás, en la base, se localiza un sostén inmunológico. Los procesos transculturales funcionan porque sirven empíricamente de inmunología.

También la inmunología cultural puede verificarse a través del historicismo, cuyo tema es vital. Si queremos saber por qué la cultura es la configuración de un largo proceso de identidad habrá que introducir el enfoque inmunológico. En resumen, una sociedad cualquiera llega a tomar la forma de cultura cuando su filosofía simbólica, el derecho a la solidaridad construyen eficazmente un escudo protector capaz de rechazar cualquier agresión que imposibilite la vida cultural. Para ello, la cubanidad ha creado su propia identidad inmunológica. Cuál es esa identidad y cómo se estructura, no lo sabemos. Pueda que la  arquitectura, las ciudades, el nacionalismo simbólico funjan como identidades inmunológicas, pero la literatura miente, la historiografía oculta, la fe religiosa entretiene.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*