La Atención

Por: Félix J. Fojo

 

En la vida, las cosas en las que fijamos nuestra atención, crecen.

John Gray

 

¿Puede uno realmente hacer dos o más cosas a la vez?

Umm, veamos algunos ejemplos muy sencillos.

Pasa una muchacha bonita por la calle y nosotros, que queremos disfrutar plenamente de su juvenil andar y de sus llamativos atributos, le pedimos con un gesto al amigo que nos habla que haga un momento de silencio. Escuchamos una hermosa melodía que nos trae amables recuerdos y sin darnos cuenta dejamos que la vista vague por los celajes o sencillamente cerramos los ojos. Vamos a aparcar el automóvil en un estrecho espacio junto al contén de la acera, o estamos buscando una dirección y apagamos el radio del auto o por lo menos bajamos el sonido de la música. No sabemos muy bien por qué lo hacemos, ni nos interesa, pero lo hacemos. Son tres ejemplos, entre miles y miles, de actos sin mucha lógica (se diría que la vista y el oído son dos sentidos independientes) que solemos ejecutar comúnmente.

Pero, ¿por qué y para qué?

Bueno… pues, parafraseando al lobo de Caperucita, para fijarnos mejor. De acuerdo, pero sigue en pie la pregunta ¿por qué atenuar o anular momentáneamente el otro sentido?

Profundicemos un poco en el tema.

Un intento de explicación nos lleva rápidamente a detenernos en una de las habilidades básicas, y por cierto, sumamente compleja, de nuestro sistema nervioso central (SNC) o como le decimos ahora, sistema central neuronal: la atención.

La atención es una habilidad de nuestro cerebro que siempre estuvo ahí pero que ha cobrado mucha más relevancia con la famosa «epidemia» del denominado Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) (ADHD en inglés) que «padecen» hoy multitud de nuestros niños, jóvenes y hasta alguno que otro adulto, incluso de los más inteligentes, creativos y exitosos. Una epidemia tan extendida que ya muchos profesionales, y muchos padres y maestros, comienzan a ponerla en tela de juicio.

Pero… ¿Qué es la atención?

La psicología clásica define la atención como una cualidad que ostenta la percepción y que hace las veces de filtro de los estímulos ambientales, evaluando cuáles resultan ser más relevantes e importantes, dándoles así prioridad para más adelante ser procesados con profundidad. Se ha dicho también que la atención es una capacidad, entre otras, intelectual, cognitiva y ejecutiva. Y si buscamos en los diccionarios pues nos encontramos con que la atención es la aplicación voluntaria de la actividad mental y/o de los sentidos a un determinado estímulo u objeto mental sensible.

Siguiendo a Posner, Petersen, Norman y diversos neurocientíficos más, podemos definir la atención como una capacidad cognitiva que nos permite la selección y procesamiento de información relevante en un entorno de múltiples estímulos. Parece una definición más sencilla que la de los psicólogos y los diccionarios, pero carga en sí misma un caudal enorme de complejidades, hecho del que nos damos cuenta al preguntarnos, por ejemplo, ¿qué es el entorno?

El entorno al que nos referimos en el caso de la atención no es solo externo, que también lo es, sino también interno: memorias, emociones, pensamientos, imágenes, actos motores, entre muchos otros.

Cuántas veces estamos guiando nuestro automóvil o incluso concentrados en la resolución de un problema matemático y de pronto nuestra atención se desvía al recuerdo de la primera novia que tuvimos o de la fea frase que nos dijo, vaya usted a saber con qué intención, un compañero de trabajo. Para decirlo con las palabras de nuestra abuela: Nos ponemos a pensar en las musarañas.

La atención, eso lo sabemos desde hace tiempo, no es un proceso único, unidimensional, sino un mecanismo propio del cerebro compuesto por múltiples elementos como la exploración, la orientación, la vigilancia, la concentración y varios más. Elementos de un todo que a su vez no se ejecutan en un solo lugar anatómico cerebral (un grupo aislado de neuronas y sus sinapsis) sino en muchos: tálamo, sistema reticular activador, ganglios estriados de la base, sistema límbico, corteza prefrontal y parietal posterior y algunas otras.

Pero las complejidades de la atención no terminan ahí.

Por poner un solo ejemplo: La bilateralización hemisférica (el hecho de que los cerebros desarrollados tienen dos hemisferios, uno derecho y otro izquierdo que no son exactamente iguales) juega también un papel en la atención. Y lo juega porque el hemisferio derecho habitualmente asume tareas más complejas, como el control bilateral del cuerpo y los sistemas de alerta y «arousal», que son básicos para «atender» algo, lo que no quiere decir que el hemisferio izquierdo no sea también importante en todo esto.

Para hacer más fácil el estudio de la atención los neurofisiólogos han establecido lo que ellos denominan modelos: el modelo conceptualizado de Sohlberg y Mateer, el modelo de pensamiento rápido/pensamiento lento del Premio Nobel de Medicina Daniel Kahneman y algunos otros, que no son más que simplificaciones para ayudar a comprender un fenómeno tan complejo que aun se nos escapa en toda su amplitud.

Uno de los elementos interesantes que resaltan estos estudios es la diferenciación de dos actos que suelen verse como idénticos pero que no lo son: la atención y la concentración. Uno necesita del otro, son parientes, pero no son la misma cosa.

La atención, ese acto casi mágico y muchas veces inconsciente, nos demuestra que la pregunta inicial de nuestra breve revisión ¿puede uno hacer dos o más cosas a la vez? está aún muy lejos de tener una respuesta definitiva.

Pero la tendrá, no lo dude, que para eso muchos investigadores le están prestando “atención” al asunto.

 

 

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