Juan Benemelis: Un autor cubano postcolonial

Por: María-I. Faguaga Iglesias

Juan Felipe Benemelis es hoy uno de los autores en lengua hispana más prolíferos y polisémicos. Quizás sea también uno de los que más atención despierta. Sin embargo, esto último sucede cuando logramos llegar a su obra o escuchar su palabra. Es decir, cuando algún resquicio de luz se nos abre y podemos descubrirlo.

Ha tenido que pagar muy caro el precio de la independencia de criterios, así en el plano intelectual como en el político. ¿Será que ambos consiguen separarse? No en el cientista social. El conocimiento es poder, viejo axioma. Quienes están en el poder se encargan de controlar el conocimiento, vieja y siempre reactualizada práctica.

Ese sistema de poder totalitario y autoritario que persigue, acosa y no pocas ocasiones hasta caza a sus opositores se las ha ingeniado para hacer patente su ensañamiento con él. La palabra, al fin y al cabo, puede ser más efectiva y a la larga surtir un dolor más persistente por su alcance, que los golpes físicos o las heridas de bala. Y la palabra de Benemelis duele a unos gobernantes cuyos planes desmenuza y nos explica, cuyas tácticas y estrategias identifica y nos adelanta.

Entonces, el intelectual tiene que ser ahogado, incluso con el recurso de la asfixia económica. Tiene que ser desacreditado y estigmatizado, tiene que ser desmoralizado, pues hay que salir de él a como dé lugar. Y en eso se empeñan… de cualquier modo. Porque el intelectual al que no consiguen montar campañas de “vendido” no puede, según la (i)lógica castrista, vivir socialmente. Es un peligro. Desordena sus planes con su presencia y con su palabra.

Hay entonces que forzarle a los márgenes y esforzarse por conseguir la exclusión, el olvido. A fin de cuentas, la memoria es frágil. Y el miedo muchas veces es su tanto su mejor cimiento como la garantía de sus reelaboraciones.

Así, intelectuales que deberían sernos referencias fundamentales, como Benemelis, permanecen forzados a los márgenes cuando no a la exclusión.

En la voluminosa obra de Benemelis, entre la pluralidad de formas discursivas y la pluralidad de contenidos temáticos, existe una constancia conceptual siempre en evolución y una variedad en las formas. O, más bien, existe una prodigalidad en los géneros que enfrenta, entre los que él sin dudas privilegia la ensayística y la historia. Obras cuyo contenido va estrechamente vinculado a unas inquietudes intelectuales que parten de una historia de vida singular para un cubano, para un afrocubano de los últimos 60 años.

Por eso su colocación cívica e intelectual como sujeto diaspórico es naturalmente legítima y coherente. Posiblemente ese sea el fino velo que concede o que revela la coherencia en la pluralidad de su hacer. Porque en este pensador-autor, historiador-poeta-pintor las discontinuidades fluyen en una variedad de posibilidades de géneros que lo descubren en su organicidad conceptual.

Sus alabanzas a la mujer y los quejidos de y por amor que encontramos en su poesía son coherentes con su interés por el sexo femenino como sujeto pensante y hacedor de historia. Y esa poesía comulga con su reconocimiento de la mujer como sujeto fundamental en una historia patriarcal dominadora que la minimiza pero donde ella tiene, desde el origen de la humanidad, coprotagonismos y protagonismos que han sido fundamentales para el devenir histórico.

Por eso el interés que le provocan las tan olvidadas faraonas. En consecuencia su especial  reconocimiento del afrofeminismo y su estímulo a las colegas que nos damos a la investigación, por ejemplo, de las problemáticas que nos atañen a las afrocubanas. Derivando este interés en el lugar de preferencia que la fémina ocupa en su pintura.

Porque asimismo reveladoras de su sólida base conceptual es su obra pictórica. En esta le vemos irrumpir como el ser híbrido que es. Ahí emerge la transversalidad de una mirada que capta al mundo desde su caribeñidad, cubana, santiaguera, afrocubana, miamense.

Lo que más conocemos de él, en lo que más se ha dado (entiendo ese más darse no por el vigor puesto, que en cada parte de su creación se vislumbra en su similaridad, me refiero sí a la proliferación) ha sido en la escritura. Un espacio de realización donde pese a la diversidad temática y de géneros existe una organicidad.

Y la escritura benemeliana nuevamente remite a una consistencia y seguridad conceptual. En donde la construcción de la realidad social y de la construcción política que hasta el presente nos han dispuesto, van cotejándose en una reescritura penetrante siempre fluidamente analítica.

Característica que encontramos cuando nos reescribe la historia de la nación en clave etnopolítica, como en El miedo al negro (2011). E igualmente cuando nos lleva con sus letras hasta el espacio sideral, lo que hace en Al caos con la lógica (2003). O cuando aborda directamente la problemática política, que es el caso de Las guerras secretas de Fidel (2002) y Geopolítica del siglo XX (2009).

Tan disímiles intereses que podrían contrariar y desconcertar (y me consta que tienen ambos efectos), a superficiales asistentes de su producción intelectual, pudieran decirnos más. Su interés por la geopolítica, desde la manifestada en la conocida como historia antigua al presente, tiene que ver con buscar en los intersticios de los poderes no sólo sus formas de proceder sino también sus propósitos. Por eso nos adelanta posibilidades de realizaciones de alianzas o de ruptura de estas, entre tanto más, a nivel regional.

En algunos de sus libros dedicados a esas ciencias que nos dicen no son humanas, ha indicado entre tanto más de la posibilidad de que el humano se disloque en la colonización de otro planeta habitable. También nos adentra en los avances de la nanotecnología y su relación con la salud humana. Y se ocupa de la física cuántica con la naturalidad con la que aborda el pensamiento de personalidades.

Tal vez, de lo que se trata sea de un autor de raigal optimismo. Alguien que cree tanto en sus congéneres que les avisa sobre buscar más allá de fatalistas y apocalípticos presagios vaticinadores del “fin de la especie”.

Definitivamente Juan Benemelis no es un intelectual domado (1). Resulta curioso que, aun “con tantos palos que le dio la vida” (2) Benemelis deslinda desapasionadamente entre política, gobernantes y nación. Y, coherente con su profesionalidad, no se deja atrapar ni atrapa al otro en estereotipos.

Fruto de su ecuánime persistencia, en su literatura el interés en el ser social cubano desborda límites. De la colonia al presente de coloniaje castrista, de lo por la tradición considerado estrictamente político a lo también rigurosamente considerado cultural, nada parce serle ajeno. Pero ese desborde de límites le llevan al análisis, por ejemplo, de los países exsocialistas, algo que daría la impresión de que no se aviene con el ser social cubano y… nuevamente, craso error.

No sólo los asuntos políticos de regímenes totalitarios tienen que importarnos a quienes, como los cubanos de la Isla o no, aún lo padecemos. Estudiosos han mostrado las implicaciones que ello ha tenido a nivel de la cultura, incluso en un propio pueblo. La realización con dos sistemas de gobierno en la dividida Alemania generó dos culturas “con diferencias en su lengua y en particular en su sentir” (3).

Sería arriesgado anticiparnos a afirmar que tenemos dos culturas los cubanos de la Isla y de la diáspora. Pero de lo que no hay dudas es que nuestras diferencias se van manifestando, en ocasiones, profundas y amplias. En esa perspectiva también nos alumbra la literatura que al respecto produce Benemelis, profundo conocedor de una temática escasa e interesadamente trabajada en la Isla.

Un autor que nunca ha temido, gracias a Dios, el revisionismo. Ni intelectual ni político. Consciente de que no existe la neutralidad intelectual, se posiciona en su producción historiográfica, filosófica… ampliamente científica, en sus artículos, conferencias y presentaciones como en las entrevistas concedidas y que complementan el resto de su obra.

En una de estas afirmó: “es patético esperar por el destino” (4). Como que no espera, él produce sin par y publica con generosidad. Resultando una obra de amplitud inusitada y de sostenida calidad.

Acuciosidad y calidad a la altura de grandes como Rómulo Lachatañeré y José Luciano Franco, de Leví Marrero y Gastón Baquero. Amplitud sin parangón, pues la consistencia en producción bibliográfica de este autor, a estas alturas con cuarenta y ocho títulos publicados (y habrá sin dudas más a la espera…), supera la de cualquier otro entre nuestros connacionales, y difícilmente sea igualado por otros en lengua española.

Y, lo más interesante, en él el número no actúa a contracorriente de la calidad. No remiten estos a ningún relacionamiento de proporcionalidad inversa sino que se complementan para beneficio de la cultura cubana. Cuyos hacedores en la Isla no se animan, a él como a tantos más del exilio, a reconocerle el sitio que merece en unos manipulados Diccionarios de Autores Cubanos. Esos en los cuales no son todos los que están ni están todos los que son.

De cualquier modo, por sus obras (o por la ausencia de esta) los conoceréis. De Juan Benemelis tenemos su obra, incluso circulando clandestinamente entre ávidos lectores de la Isla, muchos de los cuales le copian sin mencionarlo. Allí, en nuestra tierra, sus libros de antes del exilio son secretamente atesorados. Algunos de los textos resultados de su ya largo exilio se deslizan furtivamente de mano en mano, atrapados en ingenuas carátulas.

Allí, en nuestra Isla algunos de esos mismos que le leen, le alaban en privado y le niegan en público. O le buscan en sus viajes diploacadémicos por Miami y denostan de él en la Isla. ¿Miedo u oportunismo? Habrá de verse algún día… Ya comienza a hablarse, a escribirse y publicarse sobre la complicidad de gran parte de la intelectualidad isleña con el castrismo.

La osadía de asumir la responsabilidad histórica puede tener precio. Ese precio el totalitarismo lo impone y lo cobra. Con los intentos de descrédito, de chantaje y de manipulación, con la censura y la muerte social están los aquí antes mencionados.

Son fracciones del muy elevado precio pagado por la independencia creativa, por atreverse a hacer aquello que deberíamos estar haciendo o continuado haciendo cubanas y cubanos que nos damos a las ciencias sociales, y pocos son todavía los que se enfrascan en esa tarea. Es decir, por revisitar y reescribir la historia de nuestra nación en formación.

El historiador Benemelis es, sin dudas, un autor postcolonial. En ese sentido, es un precursor dentro de las ciencias sociales cubanas.

Uno de los que nos avizoró y abrió el camino. Llama la atención que de hecho, por su amplitud y diversidad temática, meticulosidad en el trabajo historiográfico y heterogeneidad de realizaciones como sujeto profesional (escritura, pintura, poesía), clasifica como nuestro actual y quizás último enciclopedista. Pero su colocación ante el sujeto y de él mismo como sujeto profesional, como la transversalidad con la cual enfrenta sus investigaciones y luego construye sus narrativas, lo revela como un autor postcolonial.

Entre la tríada de posibles colocaciones existentes para adentrarse en el conocimiento a partir del discurso postcolonial, la suya es una mixtura que obedece al  “lugar (…) disciplinario” sin el calificativo de “estrictamente”, eso, en la medida en que ese posicionamiento se mixtura con  “el lugar de alguien para quien las herencias coloniales están atrincheradas en su propia sensibilidad”. (5)

Colocación disciplinaria del profesional en mixtura con la herencia y sensibilidad del afrocubano, le dotan del potencial para que Benemelis no se dedique a simplemente historiarnos lo cubano, lo cual no sería poco ni simple. Él lo penetra, lo deconstruye y lo muestra. Hace eso incluso en plante prospectivo del deber ser futuro, en clave historiográfica, sociológica, antropológica y política. Su vuelta a los orígenes de la nación y aún más lejos en el tiempo, para escarbar en los orígenes de la estructura racializada presente en la Cuba castrista, tienen el manifiesto propósito de alertarnos sobre la Cuba futura. (6)

Su discurso relativiza los tradicionales, de ahí su lejanía con el de Fernando Ortiz, con quien se emparienta únicamente en la laboriosidad y en el interés siempre renovado por la identidad cubana y por la afrocubanidad. Pero incluso a Ortiz el discurso identitario benemeliano le hace agitarse, pues nada hay definitivo.

Y si bien en el discurso de Benemelis se registra el desplazamiento epistemológico de la postcolonización, ese “en el cual la enunciación como promulgación toma prioridad sobre la acción como representación.” (7), sin embargo, no pudiéramos tomar su discurso como esencialista. Porque, autor postcolonial al fin y al cabo, es consciente de las porosidades, de las interinfluencias, de la hibridez. Y de que ello es así en la cultura como puede serlo en la economía y en la política. (¿Habremos visto mejor ejemplo de hibridez políticamente dirigida que el neocastrismo en su afirmación  neoliberal?)

Y todo ello lo divisa y en todo ello se adentra desde su propia e histórica subalternización. Y, también común entre los estudiosos postcoloniales, afincado residencialmente en un país desarrollado y metropolitano, Estados Unidos. Con las posibilidades de retroalimentación que le ofrece el ser aquel territorio del mayor asentamiento de cubanos en la diáspora y el único lugar donde han formado comunidad.

Como discurso postcolonial, el articulado por Benemelis es reflexivo además de “crítico, creativo, híbrido, heterogéneo”. Hay en este “un descentramiento semiótico-epistemológico” en la medida en que se produce en la elaboración de ese discurso  “una reapropiación de los discursos del centro y de la periferia y de su implantación recodificada a través de su inclusión en un nuevo contexto y paradigma histórico”. (8)

Es lo que ocurre cuando el sujeto que se coloca en acción pertenece él mismo a los márgenes de la pirámide social y tiene consciencia de ello. Incluso si se ha producido en algún momento un desplazamiento positivo desde esa posición, como es el caso. Un sujeto en el cual el activismo social se ha dado con la naturalidad que el trabajo intelectual, que es asimismo parte de aquel. Pues la “condición postcolonial” es “un proceso intelectual, económico, social, político y cultural”, no “meras expresiones que se dan en forma de estilo o que quedan enmarcadas en algunas manifestaciones artísticas o intereses académicos”. (9)

Por eso la acusación de “intelectualista” que la policía política de Cuba acostumbra de lanzar contra los intelectuales que disiente y/o se le oponen, resulta difícil con Benemelis. Y, como acusarle en tal sentido es difícil, durante décadas se han enfrascado en tejer los hilos de la tela de arañas en la cual encerrarle hasta la asfixia.

Algo en lo cual se manifiesta mucho no sólo de la apatía y saña del castrismo hacia los intelectuales, por lo cual nos han vuelto la cultura “un cementerio” como tan apropiadamente precisa el exiliado historiador y escritor cubano Rojas. Sino en lo cual se patentiza  que “Los métodos del gobierno para siempre inclinar la balanza a su favor y para disfrazar de beneficiosas para la cultura sus estrategias de silenciamiento y anulación, son maquiavélicos en el más estricto sentido del término”. (10)

El maquiavelismo castrista ejercido contra los intelectuales se patentizó claramente contra el historiador Benemelis cuando, en 1978, le arrebataron el Premio de Ensayo de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores de Cuba). Su Historia de África como “divisionista”, debió esperar para irrumpir en el espacio público más de tres décadas.

Subráyese que quienes han tenido el poder para hacer este y tantos desmadres, quienes así inciden negativamente sobre el desenvolvimiento de la cultura cubana, quienes absurdamente y en ejercicio de arbitrariedad siguen intentando hacernos creer o al menos acríticamente aceptar que las de ellos son  “posiciones revolucionaria”, generalmente no son artistas ni intelectuales, pero son quienes dirigían y controlan los designios de la cultura en la Isla.

A esos personajes les debemos que, el libro que debimos tener en la Isla todos los que nos hemos interesado por África y por la afrocubanidad, el libro que debió pasar a ser parte de nuestro currículo de estudios en la Facultad de Filosofía e Historia, que debería hacer parte de nuestras bibliotecas, por obra y gracia de los gobernantes de Cuba apareció en Miami. Dejándonos en la orfandad a los de la Isla y reafirmándole como un autor postcolonial.

Un libro con historia documentada y testimonial, vivida, sentida. Porque “nació frente a las pirámides faraónicas…, atravesando la inmensidad del Sahara…, Deslumbrado por ruinas romanas de Sufetula y Tisdrus…, Caminando por las callejuelas de Timbuctú…,En la Uagadugu de los otrora temibles guerreros Mossi…, Fumando en las pipas de agua de Zanzíbar…, En las frías noches del Kilimanjaro…,Compartiendo con Watusis y Masais…,  Sentado en las orillas del Lago Victoria…,Ojeando las frágiles crónicas medievales de Kilwa…,Meditando en el templo de Changó en Oyó…,  Libando vino de palma en la lacustre Abomey…,Sobrecogido ante el tam-tam Ashanti en Kumasi…, En El-Mina, depósito de esclavos para América…,  En los diálogos con Malcolm-X…, Ensimismado ante la sabiduría del centenario W. E. Dubois”. (11)

Antes lo he escrito, esa no es una historia más.  Lo más importante de su Tarik africano es que desde este lado del mundo e identificado como afrodescendiente, como afrocubano comprometido con el continente ancestral y con el fin de las discriminaciones etno-raciales. Su autor mira a África de manera penetrante, panorámica y sin ñoñerías, no como un turista ni como un académico que simplemente hurga, incluso con ética profesional, en documentos. Para él África es vida y la asume con comprometimiento.

Nos la muestra en su diversidad y con sus complejidades. Penetra en sus lógicas para revelárnosla con lo que para los occidentales pueden ser sus laberintos. E hizo eso sin sustraerse de las dificultades y contrariedades de esa para tantos confusa y para, muchos más, incomprensible realidad sociológica.

Benemelis es reincidente comprometiéndose éticamente con su labor. Sea esta profesional o cívica. Y, consciente de que los extremismos y fanatismos son siempre perturbadores de las individualidades y retardadores de lo mejor para las colectividades, se asume como intelectual, como cubano y como afrocubano. Afrocubanidad en la que expresa no esencialismo sino fase de transición hacia el ser cubanos y cubanas, ese futuro de vivencias simétricamente compartidas desde el reconocimiento positivo de nuestra diversidad.

Adempero, ha sido hasta el presente ese  sino perturbador de extremismos manipuladores y de fanatismos enfermizos el que han hecho recaer sobre el autor en su país y en las no pocas influencias que aquella estructura ejerce por el mundo. Ese ha sido el sino que ha correspondido a la afrodescendencia en cualquier parte, con cualquier régimen político y con cualquier tipo de administración económica, pues la etnocentrismo y racismo no tienen ideologías políticas.

“El intelectual existe para crear  incomodidad, es su papel. Y él tiene que ser fuerte (…) para continuar ejerciendo ese papel” (12). De eso no alberga dudas este cubano.

Por eso, con todo y pese a todo, Juan Benemelis sigue y persiste, anclado en los saberes ancestrales y en otros. De la sabiduría yoruba tiene presente que la palabra salva o mata. Pero la sabiduría bantú nos asocia la palabra al agua, a la sangre a la esperma, a la risa. Así, sin victimismos ni poses de falso martirologio, opta por la palabra certera aunque le cueste el riesgo de la censura como simbólica muerte social. Al fin y al cabo, el agua siempre fluye y rompe compuertas. Es fuente vital de vida siempre renovada… es la risa que llega como explosión en la victoria… es la esperma procreadora.

Y eso son sus cuarenta y ocho libros. Eso son sus pinturas y sus poemas… Son palabra que enuncia y anuncia la postcolonialidad cubana. El futuro sin colonización ni coloniaje. Y… es hora de que reconozcamos eso en este autor, sin escamoteos que hacen juego a la censura.

 

São Paulo, quinta-feira 25 de agosto de 2016; 13h 16min. –

 

Notas:

(1) Rojo, José André. “¿Intelectuales domados?” Reportaje. El País. 1 de octubre de 2009. http://elpais.com/diario/2009/10/01/sociedad/1254348001_850215.html Consultado: lunes,  septiembre 15 de 2014.

(2) Fayad Jamís.

(3) Ver: Del Toro, Alfonso. La postcolonialidad en  Latinoamérica en la era de la globalización. ¿Cambio de paradigma en el pensamiento teórico-cultural latinoamericano? Universität Leipzig Centro de Investigación Iberoamericana.

(4) Juan F. Benemelis. Entrevista concedida al poeta y ensayista afrocubano Alberto Abreu. Archivo de la autora.

(5) Mignolo, Walter D. LA RAZÓN POSTCOLONIAL: HERENCIAS COLONIALES Y TEORÍAS POSTCOLONIALES En: AdVersus, revista de semiótica. Roma-Buenos Aires. Año II,- Nº 4, diciembre 2005.

(6) Ver:Benemelis, Juan F. El miedo al negro. Antropología de la colonialidad. 2011.

Los fuegos fatuos de la nación cubana. 2009.

(7) Mignolo, Walter D. LA RAZÓN POSTCOLONIAL: HERENCIAS COLONIALES Y TEORÍAS POSTCOLONIALES En: AdVersus, revista de semiótica. Roma-Buenos Aires. Año II,- Nº 4, diciembre 2005.

(8) Del Toro, Alfonso. La postcolonialidad en  Latinoamérica en la era de la globalización. ¿Cambio de paradigma en el pensamiento teórico-cultural latinoamericano? Universität Leipzig Centro de Investigación Iberoamericana.

(9) Del Toro, Alfonso. La postcolonialidad en  Latinoamérica en la era de la globalización. ¿Cambio de paradigma en el pensamiento teórico-cultural latinoamericano? Universität Leipzig Centro de Investigación Iberoamericana.

(10) Pérez Chang, Ernesto. “Quedarse a vivir en Cuba tiene un precio”. http://www.cubanet.org/destacados/quedarse-a-vivir-en-cuba-tiene-un-precio/ Miércoles, marzo 18, 2015. Consultado: viernes, marzo 20 de 2015.

(11) Benemelis, Juan F. Historia de África. 2011. Tarik africano. ZCEditores. Primera edición. Estados Unidos.

(12) Milton Santos. (1926-2001). Intelectual afrobrasileño. Pedagogo e investigador con una amplia bibliografía integrada por libros, artículos y entrevistas. Exiliado político, residió en Francia y África. Entre sus temas de fundamental interés estuvieron el subdesarrollo, el desenvolvimiento de las ciudades y la globalización.

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