El hombre no es individuo, sino ciudadano

Por: Galán Madruga

El individuo no existe como tampoco concurre el colectivo de gente, a no ser desde la perspectiva  biológica. Estas denominaciones artificiosas constituyen disparates linguales que diagnostica la razón ontológica. Para comer y cagar se requiere del mecanismo biológico. Para convivir en el lugar habitable se precisa de otras cosas ajenas al cuerpo humano. La palabra in-dividuo (unitario) se formó en las mentes de los autores de tratados de cosmología clásica cuando todavía Dios no había muerto metafísicamente: la tierra es una, única, sola, perfecta, pero demanda un soporte para no caer al vacío del espacio sideral y galáctico.

Lo mismo pasa después en la era de lo real con el hombre sobre la tierra; es único, pero necesita construir un “contenedor”, una región, un constructo vital para no ser tragado por el espacio abierto. En la tierra el hombre necesita una casa, luego la ciudad (real) contra el vacío terrestre. Se le puede nombrar compañero ciudadano. En la antigüedad el hombre de talla lleva el nombre del lugar de origen.  La angustia del hombre consiste en no poder convertirse en  el in-dividuo cultural, es decir, en hogareño y  ciudadano (este es el conflicto del Gregorio Sansa de la metamorfosis kafkiana), por eso en caso extremo intenta enajenarse y fugarse del espacio y el tiempo al que se apabullado.

Ciudadano, por ejemplo, de Playa Albina significa ser adaptado a una convivencia bajo el constructo real, pero ajeno al origen, a la casa del ser y  al lenguaje que lo vio nacer.

Por eso cabe preguntarse: ¿existe la literatura de exilio cubano o mas bien se escribe literatura sobre Cuba desde el exilio? La repuesta a ambas preguntas en un próximo post.

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