Hablando en plata (Crítica)

Por: Augusto Lemus Martínez

La campanada que,  inútilmente, se esperaba fuera la publicación de  La Canción de la Noria. (Guantánamo: Ed. El mar y la montaña, 2005) de Rissell Parra Fontanilla  nos aturdió con su estridente silencio, sin aportar nada nuevo a la indagatoria sobre la figura del poeta  Regino Eladio Boti.

No podía sorprendernos a los admiradores de la producción crítica e investigativa del licenciado Parra Fontanilles, prolijo autor por demás de 19 títulos, los magros resultados de La Canción de la Noria. Nos curamos en salud, con la aparición en el año 2000 de La Necrópolis de los Vivos, en el que no faltó junto a la profanación de los muertos, por la necrofilia del autor, el sarcasmo de la lapidación de quienes tuvimos el infortunio de captar su atención.

La Necrópolis…fue amplia en errores, falsedades y omisiones graves que no pudo ocultar el pomposo subtitulo de “Diccionario de Autores Guantanameros”  con lo que magnificó sus yerros. Entre sus minucias se encuentra la alteración del orden alfabético impuesto, así, León aparece antes que Lemus. En el capítulo de las omisiones cuentan: Rebeca Ulloa, primera presidente de la filial en Guantánamo de la UNEAC; Luís Antonio Barrero, primer director de Literatura, presidente y fundador de la Asociación Hermanos Saiz; Luís Fournier, narrador e instructor de los Talleres Literarios, quienes compartieron tiempo y responsabilidades junto a Parra Fontanilles en el mundillo cultural de “la aldea”. Menos obvio se hizo la falta de figuras que, como Ángel Velázquez Callejas,  han descollado en la diáspora. Para no agotar la paciencia del lector, digamos que, el “Diccionario” tiene 123 asientos, en una lista provisional que inicie para unas tentativas Notas al Lápiz anoté 523 entradas posibles, aun con la vicisitud del “despojo del exilio”.

Retornando a La Canción…, que más tiene de noria que de melodía,  apuntemos que se ciñe a la ejecutoria y visos de su autor, quien atado a criterios pacatos escamotea hechos, en la suposición de que ciertas maculas pueden desvanecer la dimensión histórica del biografiado, entregándonos así una obra de censurable “pudibundez”.

Como pudo no notar el licenciado Rissell Parra Fontanilles las casi proféticas palabras de Boti, al analizar el trasfondo sociológico de la nueva poesía, y los rumbos que algunos de sus integrantes pujarían denodadamente por establecer, en sus Tres temas sobre la nueva Poesía, “Nuestra poesía de vanguardia está agitada por un soplo comunista que mira a Rusia. Esto es una moda. Un tópico literario. Con el tiempo se mirará a China. Y por último a América. Más nada de eso está facturada en casa. (…). El error, para mí, de nuestra lírica del día, es que hace de lo sociológico como un programa, anteponiendo la acción social a la estética. Y nada más deplorable que la Sociología en verso.

¿Le faltó al licenciado Parra pericia o valor? vincular estas palabras con el marxista Juan Marinello, y por ejemplo su Conversación con nuestros pintores abstractos, del 1958, justo el año del deceso del guantanamero, hubiera sido interesante. Pero ya sabemos que no podemos pedir peras a los olmos.

Quizás la explicación esté en este párrafo del autor: “La canción de la noria surge a raíz de las conversaciones sostenidas a diario con la hija del gran poeta cubano: Florentina Regis Boti León, cuando evocaba, con una obvia admiración aflorándole en las pupilas, la personalidad de su padre. Desde su sillón y con un cigarro interminable, Flora es la única y la última persona viva que puede hablar, a partir de testimonios seguros, de los gustos, costumbres y pormenores que garantizan una dimensión compleja, real y enriquecedora de quien hombreó el quehacer lírico cubano con el resto del continente”. Esto explicaría que sus acercamientos críticos estén más cerca de la fábula que de la indagación reflexiva.

Es Parra quien desautoriza a Boti y reduce sus propias declaraciones a actos circunstanciales: “También hay que entender en el caso de Regino, que no deben confundirse aquellas confesiones hechas en cartas (las ideas de suicidio, sus asqueadas sociales y otros desafueros), cuyo contexto íntimo, propio de las misivas, permite los desahogos emocionales, para atribuirle una correspondencia mecánica en su comportamiento con la filosofía escéptica a lo Schopenhauer, pues nos alejaríamos del verdadero hombre Boti y, al final, el saldo parecerá ser un Regino enajenado o un loco de atar, cuando en rigor, el primer gran poeta cubano del siglo XX, continuó haciendo vida social y mantuvo una conducta intachable como abogado y notario, en sus funciones de profesor del Instituto de Segunda Enseñanza, como esposo y padre. En fin, un hombre, que el paso de los años y las experiencias duras de una larga vida, lo fueron cambiando, en ese difícil cronograma que va desde niño a una persona de ochenta años”.  ¡Genial conclusión! Es decir que el haber respirado por ochenta años (luchando por la vida) descalifica todos los matices del carácter y las confesiones  que apuntan a “un alma lila” fechas por el bardo.

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