Guillermo Rosales y la guerra punible de Boarding Home*

Ángel velázquez Callejas

Boarding Home, novela de Guillermo Rosales, es una de las obras literarias más significativas del exilio del 80. Premio Letras de Oro, Miami, 1987, es el testimonio vital por el que pasa, en un momento dado, cualquier intelectual exiliado: el ser no puede adaptarse de pronto, rápido, a la nueva técnica. La técnica del consumo. La técnica de los automóviles. La técnica ahora de moverse no a través de sus pies habaneros, sino de las muletas tecnológicas. Dicen que sufría trastorno esquizoide, pero la experiencia demuestra que no se puede vivir en la competitividad del capitalismo pensando en la literatura. Te apartas o luchas; te enfrenta a la realidad, abarcadora y dura, incorporándote a ella desafiándola. Pero el espíritu anacoreta del narrador de Boarding Home, inimitable, por cierto, en tanto literatura vengativa se refiere, combate contra la realidad. Rosales es de esos lectores que testimonia la virtud por la literatura: “Mi nombre es Wiliam Figueras, y a los quince años me había leído al gran Proust, a Hesse, a Joyce, a Miller, a Mann. Ellos fueron para mí como los santos para un devoto cristiano.”

Boarding Home constituye la metáfora del lugar de retiro de la epojé literaria de Guillermo Rosales. El interior monacal para un ejercicio literario  donde el escritor se enfrenta contra el afuera. El pensamiento para él es ingratitud, y la vida diabólica en virtud de la teoría y la crítica. Recluirse comporta un ejercicio directo con la palabra franca y la memoria con la casa muerta. Por tanto, esta última carece de sentido. Por eso, incluso, se resiste a creer en el concepto “exilio”. Él es exiliado retirado dentro de otro exilio. El exilio que sustenta la afirmación como puede seguirse adelante si a Rosales le falta todo y todo le parece demasiado. Entonces se vuelve contra el exilio. Lo ataca, lo odia y lo maldice. Procede contra el exilio con fuerza demoníaca. Envenenado por el insomnio, por la falta de descanso y quietud, la revancha opera contra el sosiego de quien, por naturaleza, tiene la posibilidad de descansar y dormir, quien en la mañana se levanta y tiene el sosiego de pensar la realidad circundante. La epojé de Rosales fue envenenada desde el momento en que el totalitarismo del régimen castrista le negó dormir.

¿Cuál es la importancia de esta obra? La imposibilidad de ser imitada. Podemos imitar a Gastón Baquero, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, pero a Boarding Home no hay forma de cómo imitarla. Carece de sentido la imitación. Nos deja huérfanos de Ser. Todos aquellos que hablan de Boarding Home con el objetivo de reivindicar la obra y colocarla en el canon de la literatura cubana y universal, incurren en el error de ignorar la versatilidad revanchista de Guillermo Rosales. Revancha que se vuelve contra sí mismo. Para decirlo con Cioran, Rosales se va extraviando en la literatura por la imposibilidad de suicidarse. El suicidio de Rosales es post-literario. En el lugar de reclusión, en el Boarding Home, Rosales es más importante que cualquier santo. No se aparta en un milímetro para desvelar  las reglas existenciales del Boarding del totalitarismo cubano.

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*Fragmento del libro inédito Escritores en el exilio: el canon de la literatura exiliada, que Ediciones Exodus pondrá en circulación en el verano de 2017.

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