Gaya Ciencia en un relato de Kafka

Ángel Velázquez Callejas

Frank Kafka es quizás el narrador más iconoclasta de los últimos tiempos. El más realista y agudo también. La fama de escritor mundial le llegó póstumamente con obras que para él fueron esbozos, principios, esquemas para un gran proyecto literario inconcluso: la hominización, el hombre acróbata y la muerte de Dios. De modo que, del proyecto ascetológico y gaya ciencia de la literatura kafkiana ” (2012) y El desaparecido, cuyos textos están principalmente relacionados con el desentrañamiento de la forma mental y psicológica y no de la historia ontológica del ser.

El proyecto literario inconcluso de Kafka se le puede vincular con la mayoría de los relatos cortos escritos entre 1917 y 1924. En su lecho de muerte revisa uno de los textos emblemáticos de la ascetología literaria: “El artista del hambre“. En este sentido, para Kafka, como bien lo describe Nietzsche, el hombre no puede ser otra cosa que el acrobatic animali. El anhelo por la libertad no sería más que la “salida” acrobática de la jaula pequeña para entrar en otra más grande con nuevas reglas.

Entre los textos que conforman los estudios literarios de la ascetología kafkiana, a parte del ante mencionado, están Primer sufrimiento, Un artista del trapecio, El jinete del cubo, Un médico rural e Informe para la academia, este último constituye la base de lo que posteriormente iban a ser los fundamentos de la gaya ciencia. Me detengo brevemente para subrayar en que consiste el Informe de Fran Kafka escrito y publicado en la revista Der Juder en 1917.

Se trata de la historia simiesca de un hombre que no pudo abandonar la antigua vida de mono, la antigua forma acrobática. Al mono se le llamó Peter Rojo tras ser capturado en la selva de África y traído al mundo de los humanos para usarlo en los espectáculos de variedades. En la ecuación metafórica de la narrativa de Kafka queda bien claro una pregunta que solo al mono le es posible formular desde su nueva residencia: “¿por qué al hombre, a la altura del siglo XX, le fascina el circo y el zoológico? ¿Qué se oculta en el lenguaje esas formas heterotópicas culturales?”. Kafka se convence de que en la tal  llamada libertad no existe tal libertad, sino traspaso circense  de un espacio a otro,  salida de un zoo en miniatura y  entrada en un parque más amplio donde los humanos establecen juegos del lenguaje y formas de vida a fines, bajo determinadas reglas y reglamentos. Cabe intuir aquí la perspectiva de una definición kafkiana sobre cultura: la cultura deja de ser elitista y marginada y  viene a constituir,  en todas las formas posibles, el basamento de un régimen de la  orden y el disciplinamiento  del histrionismo en heterotopías para espectáculos.

Cuando se le propone escoger al mono Peter trabajar en el espectáculo de variedades y en el Zoo, se decide por el primero. Para el mono Peter el Zoo constituye un parque limitado de espacio para ejercitar los juegos; sin embargo, el circo proporciona mayor espaciosidad para ejecutar las acrobacias. Este es, según Kafka, la forma de vida moderna para humanos: no hay diferencia con la decisión del mono y el parque de juegos. Todavía el circo y el zoo constituyen referencias directas sobre la ontología de la hominización. Somos tan circenses como el mono y el animal que habita el zoo. Estamos siempre dispuesto a trasladarnos a otros espacios, a otros parques temáticos más amplio, con el fin de hacer de nuestras piruetas un espectáculo novedoso y atractivo. Por ejemplo, cuando emigramos a Estados Unidos no vamos por la libertad, sino por el hallazgo de un nuevo espacio propicio para expandirnos en las acrobacias del espectáculo. Lo que se define hoy como “sociedad del espectáculo” se limita a la cultura del trabajo, del agotamiento y del desarme de los parques temáticos en plena transformación en abismos sin horizontes. Kafka limita el concepto de libertad a la noción de salida, fuga y escape desde una regla menor a otra más disciplinada y amplia.

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