Fundar, no fundar

Por: Spartacus

Muévete de sitio y podrás cambiar de verdad. Muévete científicamente y el cambio llegará a ti sin cortapisas. En Cuba, el límite del pensamiento es, por más que puedas y por más que luches, una tipología formal fundacional.  La literatura, la filosofía y los estudios socioculturales te condicionan dado que han sido pensados dentro de una tremenda onda extensiva fundacional. Todos los intelectuales y pensadores cubanos han estafado el concepto fundar algo, estableciendo una en ti una pauta retórica sin conseguir nada práctico y sostenible; no han logrado para ti, como lo expresa el pragmatista norteamericano Charles S. Pierce refiriéndose a los pensadores de sillón, el how to make our ideas clear (cómo conseguir que nuestras ideas sean claras). Fundar, en este sentido, significa, por fuerza, dudar; y en ello estriba la ansiedad de organizar e implantar algo, la paranoia del pensamiento intelectual y filosófico cubano, que por desgracia se ha sedimentado secularmente como una roca para dominar, condicionar y explotar hasta nuestros días. Tú como sujeto cultural cubano, eres como nolens volens un determinado entrenamiento pedagógico y político para inducirte a reproducirte en masas. Los límites llegan hasta masificar  en ti la  fundación erótica, política y social. Sensual como racional, nunca ha dejado de pensar tu individualidad, subjetividad activada por los ideales, en la fundación de la nación. Han cambiado en ti el sentido del cambio moral, hacia “ese sol del mundo moral”.

Los cubanos hemos ido creyendo, sin reflexionar a fondo, en la vieja certeza cartesiana de la dualidad, domine la cual la interioridad del sujeto o no, la misma que ha tendido en un proceso confuso y por añadidura, pretender fundar algo práctico y real. De modo que fundar ha sido el concepto retórico, la categoría lógica ha primado en el pensamiento como axiología sobre que es la cubanía, categoría que por un lado posee el impulso de lo racional sobre la fe y de la fe sobre lo racional. Desde allí, desde la naturaleza cubana dividida en estas dos esferas poéticas y filosóficas, donde cuaja la cubanidad por adopción sentimental, no podremos ir más lejos que de lo establecido y sucumbir en la ceguera.  La realidad nos lleva y nos obligas a mantenernos dentro de esos límites, porque Cuba es una nación en proceso fundacional. La tendencia ha sido negar la posibilidad óptima para la consumación fundacional. No podemos fundarnos completamente: esta es la argucia del pensamiento cubano, filosófico y artístico. Hay que posponer la fundación nacional cueste lo que cueste. Ya en la retórica martiana había cuajado el espíritu de posponer. Un efecto retroactivo sobre el pensamiento. El acto del pensar la fundación de la nación instala al fundador cubano en el propio cuño de la acción fundadora.

Se ha convertido este ejercicio cultural del pensamiento cubano en un círculo vicioso y cerrado. ¿Estamos fitness para fundar algo? De hecho, no podemos por ahora sepáranos de la condicionante platónica de que el espectro imaginario que nos domina es para fijar algo bajo la certeza, a posteriori, para que nuca pudiere estar seguro. Para revocar esto, tendrás que moverte de verdad para racionalizar en que consiste el pragmatismo, la idea de la libertad. No puede ser ni pragmático ni empírico. Todo cabe en la exactitud de un dogma. A esto, la fabilidad se derrumba ante la certeza cubana de querer fundar algo. Quien esté interesado en descifrar el meollo del destino cubano actual, tendrá que comprender en qué consiste la insularidad teológica de fundar, la fe política y artística, la cual  propugne un cambio ético en Cuba.

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