Existe, eso sí, una cultura que se degrada en ciencia, en cientificismo a todo trance, afirma Armando de Armas

En los días que corren, se hace más efectiva la opinión de que el trabajo de la ciencia es cada vez más prominente en los medios digitales. Particularmente, los pasos se concretan en dirección a las humanidades, donde las ciencias sociales y culturales juegan un rol importante. Sabemos que la cultura nunca ha estado desligada del pensamiento y la ciencia y que, en este sentido, existe un poderoso banco de información que da cuenta de siglos de trabajo. Sin embargo, queda mucho por recorrer, sobre todo porque en la actualidad se examinan proyectos de investigaciones sobre la cultura atendiendo a enfoques multidisciplinarios.

A la siguiente entrevista del Instituto Cubano de Ciencias Culturales de la Diáspora (ICCCD) respondió gentilmente Armando de Armas (AA), narrador, crítico y periodista

ICCCD. En su opinión, ¿existen las ciencias culturales?

AA. No, no existen. Me parece un contrasentido, uno más de la modernidad. Existe, eso sí, una cultura que se degrada en ciencia, en cientificismo a todo trance.

ICCCD. ¿Qué relaciones guardan con el panorama de la cultura cubana?

AA. Directa y negativamente proporcional, a más ciencia cultural, menos cultura.

ICCCD. ¿Qué nivel y grado les consideraría a estas ciencias en el marco del quehacer de la investigación cultural cubano?

Un nivel lo suficientemente alto como para haber dañado seriamente la cultura, o mejor, los médiums que manifiestan, o deberían manifestar, esa cultura.

ICCCD. ¿Pueden las ciencias culturales tener relaciones de trabajo con la creación artística y literaria?

AA. Sí, claro, sólo que no son saludables.

ICCCD. ¿Cuál es su campo de investigación y cómo definirías las tareas de un investigador de la cultura?

Mi campo de investigación es el alma, ahondar en el alma, sobre todo en sus oscuridades, en sus peligros.

ICCCD. Para usted, cuáles serían los puntos débiles y fuerte de las actuales ciencias culturales en Cuba

AA. Son fuertes, mi trabajo es debilitarles en lo que pueda.

ICCCD. ¿Cómo evaluaría el futuro de las investigaciones sobre la cultura en la diáspora?

AA. Un gran futuro, pero ya sabes lo que pienso.

ICCCD. ¿Otras consideraciones que quisieras abordar?

AA. Quiero recomendar la mayor ciencia cultural a que deberíamos aspirar: la incubación. Los filósofos de la Grecia arcaica y de la Italia meridional arcaica (antes de Aristóteles y el inicio de la decadencia que al presente hace eclosión), hombres de la índole de Pitágoras, Empédocles, Zenón, Parménides, eran duchos en la dicha ciencia de la incubación. La misma consistía en incubar sueños. Se encerraban a dormir durante largos periodos en la oscuridad de las abundantes cuevas de ambas regiones, donde solían proliferar las hierofanías y donde solía haber, encima de la cueva, un templo erigido a la divinidad local que se manifestaba, para allí recibir sueños sobre asuntos varios en que los dioses les instruían. Estos hombres eran además de filósofos, grandes legisladores, médicos o sanadores como se les nombraba, ingenieros y estrategas militares, etc. Así surgieron las grandes legislaciones, las medicinas milagrosas, asombrosas armas y estrategias militares, prodigios que perviven hasta nuestros días al menos como eco o cimiento de lo que son en la actualidad, por no hablar de la creación artística y literaria pues estos hombres fueron, ay, grandes escritores. Es decir que el occidente que nos admira aún, surge de los sueños, del dictado de la divinidad mediante los sueños.

Así más tarde, usando la incubación como ciencia, Arquímedes asombró al rey Herón de Siracusa con los sistemas de palancas y de poleas que había ideado. Animado por la fuerza de su descubrimiento, afirmó que si habitara en otro mundo sería capaz de mover éste y, para demostrarlo, diseñó un conjunto mecánico mediante el cual fue capaz de hacer navegar sobre arena a un pesado barco mercante de la flota real con la sola fuerza de su brazo.

También estableció las leyes de la palanca. Conocida es su famosa frase para hacer resaltar la aplicación de la palanca como máquina multiplicadora de fuerza: “Deduce un punto de apoyo y os levantaré el mundo”. Desarrolló las poleas múltiples con las que también se puede levantar un cuerpo pesado con una fuerza pequeña.

Durante su estancia en Egipto inventó el polipasto, el torno, la rueda dentada, y el “tornillo sinfín” que se usaba para extraer el agua que había entrado a un barco, a los campos inundados por el Nilo.

En el campo militar se le atribuye la invención de maquinaria de guerra como la catapulta y un sistema de espejos que incendiaba las embarcaciones enemigas al enfocarlas con los rayos del sol; con ello logró defender durante tres años a Siracusa que estaba sitiada por los romanos.

Cuento esto para mostrar que no eran unos sonsos soñadores, sino que eran hombres pragmáticos, obviamente más pragmáticos que esos postmodernos que pasan el día en Facebook enfrascados en feroces y estériles trifulcas, supuestamente despiertos pero adormilados en la restallante opacidad de las pantallas, engordando el ego y el trasero, enflaqueciendo la mente y el alma.

One thought on “Existe, eso sí, una cultura que se degrada en ciencia, en cientificismo a todo trance, afirma Armando de Armas

  1. Muy buena entrevista, buenas respuestas. En Armando de Armas prevalece la búsqueda y reconstrucción del alma. Es aquí donde la ciencia debe acercarse y hurgar, y así confirmar que lo primero que existió fue el mito y después el logos. La filosofía es lo que ha unido a ambos de alguna manera. De aquí que lo poético-filosófico sea un tema no solo de poetas, sino además de científicos. La ciencia necesita de la imaginación como una palanca de Arquímedes para multiplicarse.

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