Estrés, depresión, miedo y angustia

Por. Galán Madruga

El estrés,  la depresión y el miedo no pertenecen al mismo estado de preocupación de la angustia. Las primeras desavenencias serán estados psico-patológico. La angustia pertenecerá al estado del ser, al desorden inmunológico del hombre. Cuando el filósofo danés Soren Kierkegaard escribe en su libro Temor y temblor “el hombre es angustia” deslinda muy bien dos tareas epistemográfica de la antropo-filosofía: psicología vs existencialismo.

Cuando se arriba al estado de angustia, desesperación total, según Kierkegaard, el hombre se suicidad o se transforma. El ser y el alma sufren un cataclismo irreversible. No hay forma de como orientarse en el abismo absoluto de la angustia. El estrés y la depresión serán  subproductos de la mente enferma y, por ende,  productoras de malestar corporal. Constituyen  problema psico-neurológicos. Según Sloterdijk en Estrés y libertad, las narrativas que producen las políticas de  los Estados nacionales se implementan a través del nivel de estrés de los colectivos nacionales. La nación no puede suicidarse ante la agitación propagandística, pero sí fracasar en los intentos ideo-políticos y culturales. ¡Puede desorientarse! El caso del Tercer Reich es un ejemplo.

La angustia se orienta en el centro vital del ser. Se siente profundamente en el área del abdomen como una sensación de vacuidad, allí donde se oculta  el hara, el envase del alma. La angustia es la metástasis de la depresión. No es la proyección psicológica de la mente. Es la proyección ontológica del alma que deviene en la totalidad del hiato. El psicólogo existencialista Ludwig Binsswanger escribe en Sueño y existencia sobre la probabilidad de una existencia trágica de la verticalidad. Los seres humanos suben y bajan, pero hay momentos como en la representación teatral El maestro constructor de Henrik Ibsen,  el arquitecto Solness soslaya la importancia de la altura:  de la caída y el no regreso a la existencia depende de la angustia.

Esto nos lleva a una tesis: en los regímenes totalitarios los hombres no pasan del estrés, la depresión  y el miedo.

 

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