El escritor productor y el enmascaramiento

Ángel Velázquez Callejas

“ahora es improbable saborear la virtud

de los polos opuestos sin conocer la tragedia del

 peso y la pérfida inestabilidad del movimiento.”

María Eugenia Caseiro/ Diferencias

 

¿Qué motivos pueden   conducir al hombre enamorado de la narrativa, el ensayo y la poesía a permanecer largas temporadas escribiendo sobre diversos temas? Dos, en mi opinión, que han sido las mociones generales y tendenciales a lo largo de los últimos siglos han predominado: mayormente, para usar un término matemático, han sido los escritores tentados y subordinados a la producción de la obra literaria y minoritarios los que han intentado escudriñar más allá del velo fenomenológico de la producción para asir la viveza de la realidad. Con seguridad, la segunda tendencia ha caído en el olvido, cuya tarea se propusieran llevar a vía de hecho dos de los más ingeniosos escritores de los últimos cien años: Paul Valery y Robert Musil, ambos, paradójicamente, con una producción literaria descomunal.

En este sentido, los  ejercicios escriturales de ambos escritores iban dirigidos, a través de esa producción literaria incomparable, a  desenmascarar la verdadera intención del productor, que en términos literarios se traducía en desmitificar la relación de dependencia entre la obra del escritor y el placer de consumo del lector. Tanto para Valery como para Musil, esa no era la esencia del espíritu de la época de las letras, pues el escritor productor con la producción literaria fungía hasta enmascarar el carácter escatológico de la vida intelectual. Quien tenga la paciencia de leer hasta el final El hombre sin atributos de Musil, La Tarde con Monsieur Teste y los Cuadernos de Valery, hallará en estos textos una contundente respuesta al carácter mistificado de la vida literaria del productor. Bajo estos presupuestos, la vida activa del intelectual productor deviene durante la segunda mitad del último siglo en un estrecho vínculo maniqueo con la subjetividad de la política de la izquierda y la colectiva nacionalista.

En la actualidad, la concepción neohegeleana del productor sigue predominando en el ambiente artístico y literario como la tendencia básica. Nada más falso que pensar que la literatura es acto del trabajo y de la producción creativa e imaginativa. La era de la producción y el trabajo, que para economistas, sociólogos y antropólogos,  definen categorialmente el origen y desarrollo del capital y la globalización cultural de la era moderna,  no pueden constituir  las fuentes reales  de donde  emana el veredero espíritu del escritor.  Valery y Musil observan minuciosamente al retirar la cortina del velo del productor que: allí donde hay escritor no hay productor, sino el ejercitante oculto situado ante el mundo, auto-modelándose vitalmente en forma retroactiva, engendrando formas superiores en el marco de la vida del escritor. La acción del escritor no es productiva como se ha querido asumir, aun cuando la acción del ejercicio generaría al final un producto, una obra literaria, sino de la existencia mediante ejercicios repetidos durante el acto de escribir. La gran enseñanza reveladora de la obra de Valery muestra hasta qué punto el escritor puede auto-modelarse al máximo para arribar a existencias como escritor, cada vez más óptimo, cada vez más en forma, cada vez más fuerte, cada vez fitness.

Los enmascaramientos de la vida como escritor se muestran  a través de  variadas y múltiples formas, pero nos referiremos por el momento  a tres de las más conspicuas, a saber:

  1. Sobre el carácter de la producción literaria como acto productivo exteriorizado, la cual enmascara la vida interior del escritor bajo un signo  meramente cuantitativo, con la idea de producir y no de poder, obviando  por completo al sujeto  ejercitante interior  que regula la auto-existencia.
  2. Sobre los talleres (donde se produce) de apreciación poética y de técnicas narrativas  que fungen como valladar frente  a la vida activa del escritor.  Los talleres literarios son piezas claves para azuzar la identificación del escritor con la corriente productiva de la obra literaria.
  3. Sobre el predominio de la producción sobre el pode La literatura actual no tiene poder sino productividad, intenta producir hombres literarios afines a una determinada ideología y a una obra literaria.

Pero los escritores han ido desfalleciendo, como en otros empleos de la vida cotidiana, en el trabajo. Realizamos el  trabajo literario con el quehacer de la escritura. Pero es aquí trabajar pensando bajo el influjo del término   producción y productor, donde surge la escritura en términos de utopía y revolución, en términos de alcanzar algo más grande en masas. En términos de elaboración, el escritor contemporáneo no es más que el productor de la producción poética y literaria en masa. Este velo se ha mantenido inamovible durante más de un siglo.

Allí donde cada mañana Valery producía supuestamente un pedazo de escritura, el observador iba percatándose de lo que ocurría en el fondo del supuesto productor de escrituras: No era tal “productor”, sino el engendro del espíritu real y constitutivo. Cada mañana Valery se proponía descorrer el velo de la producción escritural, en efecto en el mundo de trabajo, entonces se encontraba en   la entrada de un determinado campo de ejercicio y entrenamiento sucesivo.  Para Valery, escribir diversos temas no era no era acto de producción, para lo cual haría falta un consumidor, sino acto ascético, colocando al ejecutor en dos direcciones:  hacia lo artístico y poético manteniendo la actitud fitness ante la vida intelectual y hacia lo que constituye la tendencia predominante de la literatura hoy, hacia la producción de obras literarias.

 

 

 

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