Ekatombe Dos, una expresión amplia

Por Julio Benítez

Escribir o reseñar sobre una publicación de la que uno es parte, pudiera interpretarse como un acto insolente. Pero abstenerse de ello y poner distancia cuando se tiene la opinión sobre la misma, se convierte en mi opinión en una falsa modestia. Por eso, quiero comentar con los lectores esta tercera aparición de una revista particularmente interesante, bien diseñada -a cargo de Roger Castillejo Olán- y revisada con esmero por el equipo del proyecto que le dio luz.  Ekatombe Dos, con su nombre de alguna manera epatante, no es lo que su título indica, sino que se convierte en una expresión amplia, sin limitaciones ni amiguismos egoístas en un ataque a la vulgaridad, a la falta de sentido artístico y un intento que cuaja como exponente del mundo cultural de los cubanos en la diáspora.

Si bien Miami puede ser el epicentro de los emigrados y exiliados que se dedican a las letras, la labor del director Ángel Velázquez Callejas y esa luz, llena de virtudes, que se llama Augusto Lemus han logrado en su joven trayectoria impactar el espectro de la poesía, la historia, la filosofía, incluso la especulación científica para conformar una sólida publicación. Y solo hablo de esa tercera aparición.

No puede negarse que la ficción no se circunscribe a la lírica, sino que la narrativa le da una fuerza tremenda y un sabor especial a ese loable trabajo. A ello se une, el documento historiográfico y sobre eso serán nuestras próximas líneas.

Como aquellas grandes revistas de la Francia de finales del XIX y principios del XX, así como dentro de la tradición hispana, nos vemos inmersos en el ensayo, a veces en la forma del artículo de investigación como es el caso De Cuando Emil Ludwig estuvo en La Habana para hacer elogio del presidente Batista adonde su autor rescata un momento, a modo de estampa de nuestra historia republicana. Roberto Soto Santana se explaya con sus asombrosas descripciones adonde un personaje tan controversial como Batista es punto de elogio por ese intelectual europeo. No hay ni ataques ni tampoco favoritismos. Fundamentalmente se describe la anécdota y nos informa.

Le siguen una selección de poemas de Juan Carlos Recio quien atrae al lector por la fuerza de su poesía, más que nada por imágenes que como en EL vicentico valdés del padre nuestro utiliza las referencias culturológicas para enfatizar a un cantante en una de sus facetas.  Y la indicación sobre los salmos, el pueblo de sordos y otros elementos metafóricos le darán fuerza al poema.

Juan Carlos Recio es de aquellos poetas que me interesan porque une poesía con sentido y ritmo. Y para muestra de lo anterior basta leer Conversación con Virgilio, clara referencia a un autor muy significativo de la cultura cubana y quien quedó en la historia como el hombre que expresó el miedo ante el discurso totalitario de aquellas infames palabras a los intelectuales. Y aquí el poeta le da vida.

Recorro los materiales y me encuentro allá y acá unas pequeñas notas, reseñas o como uno quiera catalogar los múltiples trabajos estéticos del Dr. Callejas. Utiliza los espacios y enriquece el contenido general de la revista.

Rosi Batista también contribuye con sus versos a la selección lírica de Ekatombe Dos. Se vuelve a la experimentación espacial, al recuerdo histórico y a los placeres del cuerpo. En mi modesta opinión es EL corazón de una prostituta late a mi lado el trabajo más impactante con un extraordinario efecto erótico en su estrofa final: “EL corazón de una prostituta late a mi costado, /lo siento bajo el seno firme golpear contra mi cuerpo/como un pez que lucha/ ante la asfixia de la memoria”.

Como un castigo contra el escritor comprometido que vende su pluma, el autor Manuel Gayol Mecías quien es autor de la saga de Marga y de otras obras importantes nos ofrece esta reflexión sobre el autor que no es fiel al arte y la verdad sino a los intereses que sirve.

En El gran Premio, Carlos Alberto Dueñas narra con fluidez el tema del robo de obras y el oportunismo. Se siente algo de García Márquez, aunque existe la frescura personal y la fuerza de un buen relator de historias.

Sigo con un artículo interesante por el tema especialmente enriquecedor para los cubanos: “¿Era Varela un pensador inculto?”  Aquí se sumerge uno en el tema filosófico desde la óptica del padre que sembró en nuestra cultura. Indudablemente, hay que conocer de filosofía y como Ariel es ducho en la materia trata de explicar los elementos que podrían aclararnos si el pensador escogido quien fue uno ,superficial, o tal vez un maestro en el razonamiento de su tiempo, al menos en nuestra cultura. Y cuando el trabajo termina, el autor aclara los acercamientos básicos de Félix Varela a la filosofía, sus aproximaciones a Kant, mayormente el concepto del espacio; aunque indica que no fue capaz de entender los giros de la filosofía iniciados por el alemán.

Otro ensayo muy significativo es del de Alberto Méndez Suárez sobre el legado de Karl Jasper, quien se dedicó a las investigaciones relacionadas con la psiquiatría, aunque algunos lo ven como filósofo. Este trabajo nombrado EL legado de Karl Jasper, La Psicopatología General, 100 años después constituye un adentramiento necesario para los que ajenos a esa ciencia, podamos comprender la genialidad de ese científico y pensador.

Muy interesante para los amantes del cine cubano es la panorámica que ofrece la Doctora Yenney Ricardo Leyva. Conduciendo su trabajo de apreciación artística desde una perspectiva histórica, se mueve en el tema de la familia en el cine cubano producido por el ICAIC. Aun cuando es un ensayo muy serio, personalmente encuentro que hay demasiada condescendencia con el espacio adonde se desarrolla esa cinematografía, muy a pesar de las incisivas aproximaciones de la autora.

En momentos de tumultuosas situaciones en la Cataluña de hoy día, nos encontramos con una aproximación biográfica a un catalán que luchó por la independencia de Cuba. Nos cuenta la historia y descripción de una personalidad que algunos apenas conocen; pero que en mi caso, era familiar al llevar una calle de mi ciudad natal el nombre de este patriota.

La riqueza y variedad de Ekatombe Dos se engrandece con un trabajo de Rebeca Ulloa titulado Aldea y Guantanameritud.  Entre apreciación literaria de un poeta mayor de principios del siglo XX y notas sobre su terruño, su autora utiliza el tema del espacio local para así rendir tributo a Regino Boti y al concepto socio-cultural que Augusto Lemus ha definido como Guantanameritud. Frente a rumores malintencionados que pretenden disminuir el concepto sobre la base de un supuesto provincianismo, yo diría que esto último no se encuentra solo en los apartados rincones de un país sino también en la fauna intelectual de grandes ciudades, como se ha demostrado aquí en los Estados Unidos. Los diseños de Aristide complementan el texto y nos guía a otro trabajo de esta autora, en este caso sobre el caricaturista que acompaña su vida.

Una entrevista al artista Miguel Ángel Salvó Reyes de parte de Liannys Lisset Peña Rodríguez se suma a la indiscutible variedad de la revista y nos ofrece por demás unos cuantos conceptos que son propios de la cultura nuestra y de la plástica en particular.

Cultura y disciplinamiento del director de Ekatombe, Ángel Velázquez Callejas se mueve en un lenguaje académico (ensayística filosófica) propio de su estilo y, por otro lado,  utiliza el tema para establecer una especie de relación entre el deporte y el concepto fitness cuyo planteamiento aparece en uno de sus libros, con respecto a la cultura de un ente totalitario como es el cubano.  Por eso, su ejemplificación de la UNEAC, el instrumento disciplinador, que en el caso de la Isla, se conjuga con ese hecho olimpista que se pretendió llevar a cabo.  Pero como buen discípulo, el Dr Callejas no puede menos que enumerar la impronta de Nietzsche en el panorama de esa isla.

El doctor Félix Fojo nos retrotrae a un tema histórico, con buena prosa adonde se recrean hechos vinculados al doctor personal de Antonio Maceo, su muerte y con ello encontraremos detalles interesantes sobre nuestro adalid y su galeno.

La narrativa se encuentra presente también a través de Zona Congelada (fragmento) de Roberto Madrigal y adonde se relata la presencia de un orate, “alcoholito”. Esto, de manera sagaz, nos mueve hacia el tema social como cuando indica que: “Su certificado de loco lo mantenía al margen del sistema.

No puedo pasar por alto el trabajo sobre el arte plástico de Mireya Robles y sus imágenes in símbolos en la literatura. Y para ello, Maya Islas, una notable poeta señala que su: “intención es coser los hilos de similitud entre las novelas y el trabajo pictórico…” Una especie de apreciación artística-literaria nos permite adentrarnos en una figura importante de la cultura cubana.

Hay un trabajo de crítica sobre una novela poco divulgada de Reinaldo Arenas. Hablamos de El Portero de ese autor. Modestamente, creo que es una de sus mejores obras porque se aparta de esa aproximación casi tóxica de algunas de sus novelas mayores para imbuirse una modernidad más universal.

Este artículo anterior, así como uno sobre Arte de Horadar, constituyen parte de nuestro esfuerzo para esta revista.

Plasticidad Neuronal y Cultura de Félix Fojo es también, de alguna manera, una aproximación a un tema que envuelve lo científico y lo más propiamente cultural, claro que no en un concepto estrecho. Las preguntas nos guían hacia las respuestas que en ese segundo trabajo nos ofrece este médico convertido en ensayista.

Por breve, sin desmeritar, logra Denis Fortún en su cuento, casi mini-cuento “La cita”, un aire erótico que retrata un viejo tema de ese tipo de relaciones humanas.

Especialmente interesante, resulta La ilustración den las revistas culturales santiagueras (1904-1930) y digo que es sobresaliente porque su autora Lidia Margarita Martínez Bofill pone en contexto un espacio y una temática desconocido para muchos y que va más allá del orgullo provinciano. Su descripción detallada de las múltiples publicaciones y su impacto en la región oriental de Cuba, debería incluirse en cualquier estudio sobre el tema referido a su país de origen. No es solo de interés para orientales, sino que debería ser para todo cubano que quiera conocer realmente la cultura de la Isla, muchas veces circunscrita en estudios y divulgación a la capital. Mucho material acompaña lo anterior, así como muchas referencias a artistas que hicieron carrera a nivel nacional. Las ilustraciones que la acompañan dan fe de ese momento singular de los primeros años del siglo XX.

Quizás el título de Silvio Rodríguez: casi todas las máscaras, de Manuel Sosa, me resultó muy provocativo y me sucedió como cuando leí su Arte de Horadar que él publicó antes. Es agudo y devela mitos que unos y otros tenemos alrededor de nuestra cultura. Y resulta que en la medida que leía encontraba razones para respetar a Sosa. Su penetración en un fenómeno como el de ese cantor, para unos un vendido, que hace arte por encargo y para otros, sencillamente el poeta cantor más internacional y lírico de las últimas décadas. Pero aquí el crítico que no simpatiza con quien según él ha servido a causas no veneradas, nos va desmantelando el mito del canta-autor cubano. Y llega a conclusiones que ponen en perspectivas sus méritos y fracasos.  Desabriga el llevado y traído concepto de la originalidad permanente del mismo; aunque al final, de forma mesurada, deja claro que, aunque no es su preferencia tiene méritos y en eso se salva la crítica y de manera clara resume cuáles serían los verdaderos méritos de ese señor que tanto ha servido al régimen cubano.

Epitafio para un sueño es otro de los relatos de esta revista.  Como parte del conjunto encaja perfectamente y da paso a dos narradores de peso en nuestro quehacer literario: José M. Pequeño y Félix Luis Viera.

Me interesó particularmente Tren de aterrizaje de Pequeño adonde la pericia de este narrador atrapa al lector con oficio, y por demás con garra, lo que le permite moverse espacial y temporalmente de una manera muy contemporánea. A veces la tercera persona, otras la primera va deslizándose con destreza en esta historia. El aeropuerto le permite a este autor no solo una zona que trae recuerdos y mueve la acción. No me sorprende en los más mínimo porque su autor tiene una gran maestría para sus narraciones.

Un loco sí puede de Félix Luis Viera tiene el oficio de un narrador maduro, aunque el tema no sea el más apetecido por generaciones más jóvenes. Pienso que este autor ha logrado en sus novelas un empujón significativo que acá no lo equipara; aunque no deja de ser excelentemente narrado. Porque este autor sabe contar. De eso no hay duda.

Para terminar, me gustaría invitarlos a adquirir esta revista que como verán en mi modesto trabajo he tratado de resumir. Esa combinación de géneros no solo de ficción o literarios y esa búsqueda del pensamiento y la historia enriquece y mucho la cultura cubana.

 

 

 

 

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