Disciplinamiento, la última libertad

Por: Ángel Velázquez Callejas

Entre 2002 y 2008 me dediqué casi por entero a leer literatura espiritual de autores místicos y de auto ayuda. Sin exagerar, leí más de 500 libros sobre budismo, taoísmo, budismo zen, yoga, sufismo, tranta, cábala, misticismo occidental, cuarto camino. Leí todos los libros de Osho, Krishnamurti, Sir Aurobindo, Ouspenski, Gurfdief, Steiner, entre otros que ya no recuerdo.
Me había convertido en un epígono del “buenismo”, al extremo que la obsesión me llevó a creer en poder vaciar mi mente, ser no-mente y alcanzar la perfección del alma.

Pues nada, un buen día leyendo las páginas de “Aurora” de Nietzsche me topé con una declaración que me iluminó y me emancipó de las garras del universalismo espiritualista y religioso. La frase en cuestión decía: “! Ante todo y primero, las obras! ¡Esto es, ejercicio, ejercicio y ejercicio! ! ¡La fe que corresponda ya se incorporara luego sola, estad seguros de ello!”
A partí de ahí comprendí que el budismo solo constituía un esfuerzo como cualquier otro incorporado como ejercicios, prácticas y técnicas en la mente. Que la meditación es un disciplinamiento y que la realización espiritual es un estado mental técnico o una función antropoténica, no cabe duda.

Me di cuenta entonces que lo importante no era ser budista y taoísta sino descubrir que disciplinamiento mejora y enriquece mi modo de vida actuante o lo que me gusta hacer. Si tu modo de vida es dedicarte a la escritura o a la competencia deportiva o a la albañilería o al ballet porque te gusta hacerlo, entonces no queda de otra que esforzarte, ejercitarte o proponerte disciplinarte y entrenarte para realizarte y perfeccionarte en ese modo de vida.

Dado que la “lectura” forma parte de un modo de vida, la vida para el ser humano es también esfuerzo, práctica y disciplinamiento.

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