Desaparece libro en La Habana

Por:  Juan Francisco González-Díaz

 

 

                                              “Todo libro que ha sido echado a la hoguera ilumina al mundo”.

                                        Ralph Waldo Emerson.

 

 La puesta en escena

 

Los tres tomos del libro de Lionel Soto De la historia y la memoria, publicados por la habanera Editorial SI-MAR S.A. 2006, fueron presentados por el Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, en el Museo Palacio de los Capitanes Generales de la capital, dentro del marco de la XVI Feria Internacional del Libro de La Habana en febrero del 2007.  Muy significativamente fuera de la Fortaleza de la Cabaña y en las primeras horas del mediodía, momento en que era muy difícil salir de la Feria y arribar al museo.

En una de las galerías del palacio capitalino nos encontrábamos no más de cuarenta personas. La mayoría familiares y viejos compañeros de Lionel Soto en el deshecho Partido Socialista Popular, los comunistas de antes de 1959. A excepción de dos o tres, casi todos jubilados, piezas museables.

También estaban presentes -compulsados no sé por qué fuerzas o sentimientos-, el otrora vicepresidente del Consejo de Ministros, el “gallego” José Ramón Fernández, exteniente del ejército de Batista, quien por sus actividades conspirativas había coincidido con Soto en la prisión de la entonces Isla de Pinos. Y el excomandante Faure Chomón Mediavilla, antiguo Secretario General del Directorio Revolucionario “13 de Marzo”, que se destacó en sus agarradas discrepancias con los viejos comunistas. Por sus poses, saludos, estrechones de manos, y el sitio que ocupó en el acto, era muy evidente el esfuerzo que hacía por ser notado.

Ah, y unos pocos -poquísimos, no llegábamos a cinco-, integrantes de las posteriores generaciones, al margen de las extracciones políticas de aquellos hombres. Había asistido al acto por mi constante interés en los ocultos entramados de la historia de Cuba. Intuía que si en ese momento no adquiría el libro iba a ser imposible tener un posterior acceso a él, donde podían aparecer aspectos pocos divulgados del convulso período.

El actor

Lionel Soto Prieto era reconocido en los medios académicos por su estudio La Revolución del 33, editado en tres tomos por la Editorial de Ciencias Sociales en 1977, y con el que obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Históricas en la Universidad de La Habana. Este político, educador, y diplomático, fue dirigente estudiantil en esa alta casa de estudios, durante los años cincuenta del pasado siglo, donde se graduó de Doctor en Filosofía y Letras. Tuvo cargos relevantes en la Juventud Socialista y el Partido Socialista Popular (comunista). Participó en las luchas sociales y políticas contra el gobierno de Carlos Prío Socarrás y la dictadura de Fulgencio Batista. Amigo personal de Fidel y Raúl Castro, estuvo preso.

Después de 1959 fue director de las Escuelas de Instrucción Revolucionaria, miembro fundador del actual gobernante Partido Comunista de Cuba, presidente del Consejo de la Enseñanza Tecnológica Agropecuaria, Miembro del Secretariado del Partido Comunista de Cuba, vicepresidente del Consejo de Ministro, Embajador en Gran Bretaña y en la Unión Soviética y presidente de la Editorial SI-MAR S.A.

 Del primer acto

En el primero de los tomos, el de la Etapa l949-l961, entre otros temas, narra los pormenores del robo de la campana de La Demajagua, el asesinato a tiros del expresidente de la Federación Estudiantil Universitaria, Manolo Castro y los enfrentamientos en las calles habaneras entre los grupos de acción, autodenominados “revolucionarios”. Así como sus vínculos con el joven Fidel Castro, y con Raúl, en el recinto universitario, marcado entonces por el gansterismo y las pugnas en el control de los puestos dirigentes de la organización de los estudiantes.

Cuenta que conoció a Fidel en medio de una bronca en la universidad y para protegerlo le pidió la pistola, que posteriormente le devuelve. Y de quien dice, “Comencé a llevarle documentos políticos y obras marxistas. Lo introduje en la lectura sistemática del periódico Hoy y de la revista Fundamentos… en las que podían hallarse serios análisis sobre cuestiones sociales, económicas y políticas… Fidel fue conociendo a algunos comunistas universitarios y con uno de ellos –indicado por nosotros- comenzó a leer y a debatir el primer tomo de El Capital… También… se le abrió un crédito en la librería central del PSP, donde se vendían obras marxistas…”.

Soto desmiente con abrumadores datos, que el Congreso Latinoamericano de Estudiantes de Bogotá, en 1948, que se hizo coincidir con la reunión de la OEA para reclamar la independencia de Puerto Rico, fuera producto de la ejecutoria personal de Fidel. Sin que el partido comunista cubano y su organización juvenil tuvieran nada que ver con él, como Castro plantea.

Lionel, además, apunta: “Lo cierto es que Fidel no contó con el apoyo mayoritario de los estudiantes de su facultad y no era como se ha referido en algunas ocasiones, un líder reconocido por la generalidad de los estudiantes universitarios. Un importante sector de ese estudiantado lo veía más como un juvenil aspirante político; otros lo consideraban miembro de un grupo armado de acción violenta, dadas sus relaciones con una organización extrauniversitaria que le proporcionaba apoyo y armas en medio de las luchas que, procedentes de la calle, llegaban a la Universidad… Fui yo, personalmente, quien le dio a conocer a la dirección del PSP las cualidades de Fidel como líder juvenil (…) el Partido, dentro y fuera de la Universidad, trabajó en aras de destacar y proyectar la imagen de Fidel, defendiéndolo de cualquier acusación tendente a menoscabar su figura”.

En este primer tomo De la historia y la memoria, su autor resalta que Fidel en septiembre de 1950 “comenzó una febril actividad electoral a propósito de su adhesión al Partido Ortodoxo…”, aunque “no era bien visto por sus correligionarios dirigentes, ni los del Partido Ortodoxo ni los de la organización juvenil…”

Según Soto, a la llegada de Raúl Castro a La Habana, él se percata del interés del joven por las luchas obreras y le entrega un ejemplar de Los Fundamentos del socialismo en Cuba de Blas Roca, indicándole la lectura del periódico “Hoy”. El hijo del terrateniente de Birán, poseedor de “la natural astucia campesina que le caracteriza”, asimiló con rapidez las ideas políticas del socialismo y la línea del Partido, por lo que le propone la dirección de la publicación estudiantil Saeta, regenteada políticamente por Lionel. Y lleva a Raúl a ser uno de los representantes cubanos a la Conferencia Mundial por los Derechos de la Juventud en Viena, en enero de l953 y a la reunión del Comité del Festival de la Juventud en Rumanía, donde lo invitan a Checoslovaquia y Polonia. Al regreso a Cuba, el menor de los Castro ingresa en la Juventud Socialista, como miembro de fila. En 1959, lo integran en secreto al Buró Nacional de esa organización juvenil.

Del intelectual y cineasta Alfredo Guevara -miembro oculto de la Juventud Socialista-, quien fuera su íntimo amigo y compañero de luchas universitarias, refiere el autor de estas memorias que estando preso en la entonces Isla de Pinos le llamó la atención el asilo de Guevara. Dado que el Partido lo tenía prohibido a su militancia, con la pena de expulsión, y sólo autorizaba la salida a los que encomendaba cumplir tareas en el extranjero.

Alfredo, según supo más tarde, fue detenido varias veces hasta que lo amenazaron de muerte. Él se negaba a vivir clandestino, por lo que solicitó la liberación de la militancia para ir al exilio. El “Partido accedió a que Guevara se asilara, tomando en cuenta su voluntad de no luchar en Cuba, su alejamiento de las posiciones del Partido y el hecho de que no resistiría una nueva presión de la policía, pues el teniente Castaño, del Buró Represivo de Actividades Comunistas le había hecho la última advertencia”.

Vuelve a referirse a Alfredo Guevara, acerca de una larguísima conversación que sostuvo con éste, a su llegada del exilio en enero de 1959. Soto narra que “Guevara sostenía que el marxismo era ya algo obsoleto y que la nueva ideología era la que expresaba Fidel en sus discursos y en la política del triunfo de la Revolución. Siempre pensé que Guevara era víctima de su inconsecuencia y su falta de rigor político en cuanto a la lucha revolucionaria que él había abandonado … Después de aquella conversación nunca más fuimos amigos. Todos tratamos de ayudarlo a superar esa crisis ideológica y moral que él no reconoció o no quería reconocer”.

El autor cuenta su visita, de los primeros días de enero de l959 al Ché, en la Fortaleza de la Cabaña y revela que el comandante argentino al llegar a El Escambray y hacer contacto con Severo Aguirre, miembro del Comité Ejecutivo del Partido, a petición propia había ingresado en el Partido Socialista Popular.

Testimonia Lionel que en los primeros meses del cincuenta y nueve viaja a Moscú, invitado por el Konsomol Leninista con la misión de explicar en la Unión Soviética lo sucedido en Cuba y -debido su amistad personal y política con Fidel y Raúl-, dar a conocer en la Academia Superior del Partido Comunista de la Unión Soviética, ante un gran grupo de dirigentes, los estrechos vínculos de los dos comandantes guerrilleros con  la Juventud Socialista, a quienes avala de un pensamiento marxista-leninista, al igual que buena parte de sus compañeros de dirección.

Entre las apreciaciones conceptuales que Soto Prieto nos expone, por su significación y actualidad, escojo esta­: “Ningún cuadro revolucionario debe pensar, mucho menos aspirar, a eternizarse en cargos de poder, resulta beneficioso que el funcionario –de cualquier nivel– rote su función sujeta a control público”.

 Segundo acto

El Tomo II De la historia y la memoria, Etapa 1962-l978, lo inicia con la crisis de los misiles atómicos en octubre de1962, cuando estuvo a punto de estallar una conflagración mundial de incalculables consecuencias. El escritor destaca que, durante la crisis, Fidel propuso a Jrushchov asestar el primer golpe nuclear, aunque significara la desaparición de Cuba. Para dicha de la humanidad, aquel grave conflicto fue resuelto finalmente por la vía diplomática, los soviéticos retiraron los cohetes que habían emplazado en territorio cubano. Y las discrepancias entre Castro y el Kremlin, visibles en aquel octubre, y un tanto atemperadas con la visita del dirigente cubano a la Unión Soviética en 1963, según Lionel, no cesaron nunca, “subyacían por debajo de todas las mesas”.

Del Ché manifiesta” se notaba en él la búsqueda incesante de una gran causa… vive en un estado de indefinición de su propia vida con aspiración indiscutible a realizar un gran destino e inmediatamente se enrola en las concepciones de Fidel…”  El “Ché delineó su sistema de dirección centralizada de la economía y realizó un debate sostenido durante algún tiempo con los que fueron sus oponentes conocidos como Carlos Rafael Rodríguez y el entonces ministro de Comercio Exterior, Marcelo Fernández, defensores ambos del sistema económico de la Unión Soviética… el debate fue enérgico y no hubo conclusión pública, aunque nuestro país se asimiló a la organización económica soviética presente en el Consejo de Ayuda Económica (CAME)…”.

En otro momento del segundo tomo leemos: “ El futuro, visto hoy, no fue favorable a Hart en su desempeño como Secretario de Organización del Partido Comunista de Cuba, pues cometió errores, teóricos y de trato; inventó el concepto de “familia comunista” y mezcló en una misma olla organizaciones, bien singularizadas, como el Partido,  la Unión de Jóvenes Comunistas y otras… originó numerosas dificultades que, prácticamente, paralizaron la acción dirigente del Partido (…) Hart se comprometió mucho con la llamada “ofensiva revolucionaria”(…) una absurda nacionalización y a miles de pequeños productores se les intervinieron pequeños instrumentos productivos o de servicios y se les concedieron pensiones, lo que trajo como consecuencia la desocupación de miles de trabajadores y en definitiva, la emigración… de miles… También bajo su égida algunos de sus ayudantes cometieron arbitrariedades… Lo que acabo de afirmar no obsta para expresar que he tenido siempre un buen concepto del compañero Hart, así como una franca amistad”.

En dicho tomo II el autor cuestiona al grupo de la revista Pensamiento Crítico, auspiciada por el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, en 1965. A los que califica de “Doctores de la Nueva Iglesia”, en el intento de erosionar la enseñanza del marxismo-leninismo. Quienes, no obstante, su rampante anticomunismo, antisovietismo e ideas pequeñoburguesas, logran el apoyo de algunos sectores, hasta del gobierno, y en el Presidente de la República, Osvaldo Dorticós, “Excelente abogado, pero sin experiencia económica, trató de estimular lo que creyó un pensamiento creador”.

En l979, en una reunión del Secretariado del Partido que debate lo ideológico, a petición de Fidel se crea una comisión para discutir, por separado, con los teóricos de Pensamiento Crítico su divisionismo ideológico. “Uno tras otro se hicieron sinceras autocríticas. Y no hubo ninguna sanción, ni degradación en sus profesiones”.

De la incumplida Zafra de los 10 Millones, en l970, considerada como capaz de lograr la total emancipación económica de Cuba y el acceso a mayores niveles de vida, asegura que muchos de los dirigentes del Partido y el Estado –entre ellos él-, no estaban convencidos de que pudiera efectuarse. Pero quien expresara que la zafra no era posible lo criticaban con dureza y perdía sus cargos administrativos o políticos. Uno de los casos más sonados de despido, por sus criterios en contra de la feliz realización de los 10 millones, fue precisamente el del ministro del azúcar, Orlando Borrego.

Del degradado y fusilado Héroe de la República de Cuba, General Arnaldo Ochoa, dice: “Aceptó el veredicto como un hombre de valor… Pidió mandar el pelotón de su fusilamiento… Guardo un recuerdo muy grato del compañero Ochoa, por su dedicación, su inteligencia y bondad personal…”.

Tercer acto

En el tercero de los tomos, el de la Etapa 1978-1994, la casi totalidad de sus 479 páginas, constituye una pormenorizada descripción de las experiencias de Lionel en los diversos periplos por el extranjero, como diplomático, o en funciones de dirigente partidista.

El autor con variados ejemplos nos revela, en este último tomo, como equivocadamente el Partido Comunista interviene administrativamente en variados aspectos de la específica competencia del Estado. Bien, porque no están claramente delimitadas las responsabilidades y los deberes estatales, y las potestades del Partido. O porque en la realidad lo que hay es un poder Partido-Estado y no el Estado cumpliendo sus deberes y funciones y el Partido supervisando. Y que la ejecutoría de la crítica y la autocrítica no existe, o es puro formulismo. Igual ocurre con el supuesto control del Partido sobre la nomenclatura de los cargos estatales.

Descubre que cuando contábamos con todo el apoyo de la Unión Soviética y el resto de los países socialistas, la mayoría de las empresas del país tenían desbalances y una constante irrentabilidad. Por lo que, “en líneas generales, la administración del Estado era totalmente ineficiente”.

 Coda

A Lionel Soto el humano afán de dejar aclarados aspectos poco conocidos, o desvalorizados, de la más reciente historia de Cuba en los que participó, lo llevan a escribir, y a lograr que se publiquen estas ampulosas y acreditadas páginas. Justificativas, a veces, y transidas de la aspiración del reconocimiento para él. Y para sus camaradas de extracción política, los militantes y dirigentes del viejo partido comunista, el Partido Socialista Popular.

De los dirigentes de aquella organización -Blas Roca, Juan Marinello, Joaquín Ordoqui, Carlos Rafael Rodríguez, Lázaro Peña y Aníbal Escalante, entre otros-, Lionel Soto es el único que ha dado a conocer, de modo extenso y abarcador, sus recuerdos y enjuiciamientos. Por eso, tal vez, de los tres tomos De la historia y la memoria no se han visto comentarios, críticas, o notas de prensa, en los medios de divulgación. Salvo una breve reseña que publiqué en la revista habanera Espacio Laical, Año IV- No.15; Julio-Septiembre 2008, con el título “De la historia (de Cuba) y la memoria (de Lionel Soto)”.

Desde aquella tarde de febrero del 2007, en el Palacio de los Capitanes Generales, no son pocos los historiadores, críticos, e interesados en la historia de Cuba, amigos y enemigos de Soto, que han recorrido infructuosamente las librerías en busca de ejemplares De la historia y la memoria. Algunos creen que la edición fue muy reducida y se agotó. Otros dicen que los volúmenes adquiridos en el museo de la ciudad son los únicos que se salvaron de las llamas inquisitoriales de la oficialidad.

¿A qué corresponde el imperioso y absoluto silencio sobre los voluminosos tres tomos De la historia y la memoria?

Sin lugar a dudas, a las valiosas informaciones de primera mano sobre temas y acontecimientos que implican a las más relevantes figuras de la nomenclatura política y gubernamental del proceso revolucionario. Y por las semblanzas que brinda sobre ciertos personajes de la política cubana, especialmente de Fidel y Raúl Castro. Con enfoques, un tanto discrepantes y personales, plenos de conciencia de causa y efectos, a los que se atreve Soto Prieto, quien puede haber cometido errores e inconsecuencias, pero no era un ingenuo.

Atrezos

El viernes 28 de noviembre del 2008, la emisión nocturna del noticiero nacional de la televisión cubana ofrece rápidas imágenes de la colocación de las cenizas de Lionel Soto Prieto en el Panteón de los Combatientes en la habanera Necrópolis de Colón y no en el Panteón de las Fuerzas Armadas, donde debió corresponderle por su historial y altos cargos políticos y gubernamentales.

Ninguna de las dos figuras más prominente de Cuba, Fidel Castro y Raúl, quienes fueron amigos personales de Soto, enviaron coronas fúnebres al sepelio. Granma y Juventud Rebelde, los más importantes diarios nacionales, no hicieron la más mínima alusión del deceso. Solo la versión electrónica del periódico oficial del gobierno cubano, del sábado 29 de noviembre de 2008, lo reflejó en el lugar siete de la página nacional, pero no en su portada.

De los propósitos del veterano dirigente comunista Lionel Soto quedan, por lo pronto, los poco ejemplares que conservamos algunos de los afortunados que estuvimos en la presentación del libro. Texto que puede llegar a inscribirse en esa larga tradición de difíciles títulos cubanos, casi imposibles de adquirir y leer, que acaban convertidos en mitos.

De la historia y la memoria, escrita con apresuramientos y descuidos, presenta algunas insuficiencias en su redacción y ciertos defectos de edición. Por encima de esas fallas, tiene el mérito de brindarnos informaciones novedosas, apreciaciones, criterios y valoraciones de juicios que, coincidamos o no con ellos, son ineludibles para establecer los necesarios debates que hagan posibles las aproximaciones a la realidad de aquellos años.

Dados los espinosos temas que aborda De la historia y la memoria, muchos de ellos tabúes dentro de Cuba, me atrevería a decir que resulta un libro único, hasta el día de hoy. De ahí que sea un imprescindible testimonio para la historiografía cubana de la segunda mitad del siglo XX.

Fuentes consultadas:

Delgado, Orlando: “Libros incómodos convertidos en pulpa”, en Diario de Cuba, 14 de febrero de 2015, http://www.diariodecuba.com/cuba/1423867654_12886.html

González Díaz, Juan: De la historia (de Cuba) y la memoria (de Lionel Soto), en Espacio Laical, http://espaciolaical.org/contens/15/7879.pdf

Soto, Lionel: De la historia y la memoria, Tomo I, II, III, SI-MAR S.A., Ciudad Habana, 2006.

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 Juan Francisco González-Díaz. Antropólogo y psicoanalista. Escribe poesía, narrativa, e investigaciones históricas literarias, con varios libros publicados en Cuba y España. Editor, promotor cultural, comisario y curador de exposiciones. Fundó y presidió el Festival Atlántico de Poesía Las Palmas de Gran Canaria “De Canarias al Mundo”, el Centro Canario Estudios Caribeños -El Atlántico-, el Sello Editorial Cuadernos “La Gueldera” y el Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”, de Las Palmas de Gran Canaria. Ex-profesor de Antropología Sociocultural y de Sociología de la Cultura en la Universidad Agraria de La Habana, ha impartido cursos de grado y postgrados en universidades y centros docentes de Cuba y España. Profesor de Español y Literatura, residente en Las Palmas de Gran Canaria, España. Actualmente se encuentra en Miami, E.U.A.

 

 

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