Sobre: Cuba y el último hombre

Jorge A. Sanguinetty

Cuba y el último hombre es un libro valiente e importante. Valiente por varias razones. La primera porque trata de temas que rara vez son mencionados por los intelectuales cubanos, entre ellos las raíces profundas  y las causas de la larga permanencia del castrismo en Cuba y su proyección fuera de Cuba. La segunda porque incorpora explícitamente el papel de esa entidad amorfa que llamamos cultura y que muchos ignoran en el fenómeno castrista y sus derivaciones. La tercera porque esta colección de ensayos constituye un reto directo a los intelectuales cubanos para abrir nuevos caminos en la investigación del devenir de la sociedad cubana en sus diversos aspectos. Hay mucho talento literario y artístico en Cuba pero hay una gran falta en otras disciplinas, en especial las ciencias sociales. El torbellino de ideas, conceptos y proposiciones que el autor de esta colección de ensayos nos presenta muestra con un cierto dramatismo el amplio espectro temático disponible para pensadores cubanos.  Eso hace que el libro sea importante para todo intelectual que vislumbre la oportunidad investigativa  que el estudio de Cuba ofrece.

Más concretamente y a manera de ejemplo. Si aceptamos que el castrismo es una patología social o simplemente un mal público, debiéramos estudiar y hablar de tal problemática con rigor, lo cual a mi modo de ver no ha sido lo suficientemente profunda. Pero también debiéramos estudiar posibles soluciones (¿por qué nunca se habla de la “solucionática”?). Hasta ahora el principal modo de operar de la  oposición al castrismo en Cuba se ha basado en la denuncia y la protesta, necesarias pero no suficientes, sin una concepción estratégica que guíe al activismo y ayude a que sea tomado en serio. Pero ¿cómo vamos a encontrar soluciones si no comprendemos cabalmente el problema o peor, si no creemos que haya soluciones?

En su magnífica identificación de la dependencia de los cubanos sobre algún salvador, el autor de los ensayos abre una veta de análisis de gran potencial. Las sociedades buscan salvadores o caudillos cuando fallan en su acción colectiva para organizarse de formas más complejas, especialmente para auto gobernarse y evitar las dictaduras o los totalitarismos. Pero ¿por qué falla la acción colectiva de los cubanos en favor de sus intereses? ¿Por qué Castro puede privatizar para él todo un país impunemente mientras le hace creer a los cubanos y a medio mundo que está construyendo una sociedad más justa? Y ¿por qué los intelectuales cubanos ni siquiera se plantean estas cuestiones? El pensamiento de Mancur Olson y sus seguidores sobre la lógica de la acción colectiva no aparece en el trabajo de los intelectuales cubanos. Ni aparecen referencias al fenómeno de la formación o destrucción del capital social señalado por Robert Putnam, ni el papel de la cultura en la evolución de las sociedades según lo propuesto por Lawrence Harrison y Samuel Huntington.

Como economista dedicado a la economía política y al papel de la cultura en el desarrollo de las naciones acojo este libro con gran entusiasmo, pues sirve de punto de partida para enriquecer el pensamiento cubano de una manera significativa.

Miami, 17 de octubre de 2016

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