Ciencia y religión: la conexión deseo-realidad

Ángel Velázquez Callejas

 

Como si estuviéramos leyendo otro libro de autoayuda, cuyos textos abundan hoy en todas las librerías del mundo, La conexión deseo-realidad (Alexandria Library, 2013), del escritor José Lorenzo Fuentes, viene a testificar lo que denominó: “balbuceos del nuevo género literario sobre la autogénesis esotérica de lo religioso”. Se trata ahora acudir, sin menoscabo, al sorprendente mundo de la simbiosis ciencia y religión.

Si en materia literaria (historiográfica, filosófica, antropológica y poética) hallamos cierta tendencia diáfanamente dibujada, en cuanto a temáticas y necesidades existenciales se refiere, es porque la simbiosis caracteriza la lógica del último tercio del siglo XX y los principios del XXI. Por lo visto, cada día aumenta el público lector interesado en la mágica conexión de la realidad con el mundo oculto. Lo novedoso en este aspecto –que nos revela el libro de Lorenzo Fuentes– no está en su desarrollo temático, sino en la incorporación del agente fenomenológico (la ciencia) para corroborarlo.

El interés por la temática de lo ilusorio, llamémosla ocultista, mistérica, hermética, se revela muy sugestiva para entender ciertos códices que la literatura del periodo medieval y moderno legaron al entendimiento imaginario. Ahora la física, sobre todo la del periodo cuántico, conecta con ciertas hipótesis enunciadas en las experiencias sensibles y psíquicas de la filosofía contemplativa.  Lo que antes fuera opinión derivada de la subjetividad humana, de la literatura y la alquimia, ahora es de ciencia, lo cual lleva al plano de la objetividad, como objeto de conocimiento, la resuelta empírica. Tal el caso, como bien expone Lorenzo en este libro, del fenómeno de las visualizaciones.

Más allá del éxito que pudieran cobrar en el mundo de la salud corporal y psíquica dichas visualizaciones, convence sobre la existencia de la ciencia subjetiva, denominémosla “fenomenología del pensamiento abstracto”, que la literatura asumió para registrar muchas de las imágenes y metáforas que hoy conocemos convencionalmente. Para mencionar dos casos cercanos, las narrativas de Lezama Lima y Alejo Carpentier están impregnadas del arte de visualizar realidades ligadas a la voluntad del deseo, del poder y la alquimia.

Lo que parece inoperable hasta el momento es el descentramiento conceptual de la visualización. Se trata de cómo programar el futuro. Si realmente el futuro se programa mediante las visualizaciones, tal y como se expone en la tercera parte del libro, estaríamos ante el fin de la historia, las narrativas y las propias visualizaciones. Hasta donde conozco el tema, los hindúes se enfrascaron en desarrollar la filosofía para matar al ego, para visualizar la nada. Buda, el budismo, constituye ese tipo de sectas religiosas que negaron el espíritu de la ciencia objetiva. La ciencia no opera sin la voluntad del ego. De ahí que la simbiosis ciencia/religión se quede el plano metafórico. En verdad, ambas sustancialidades nunca se encuentran. La religión va hacia lo incognoscible; la ciencia hacia lo cognoscible. Lo que la física cuántica corrobora prueba lo incognoscible de la religión, o sea, muestra a la religión como una ascesis para matar el ego.

Lo que no está del todo claro es cómo traducir, en formato real, la experiencia sensible de la imagen y la visualización. Si hoy siento que mi cuerpo enferma de cáncer, solo puedo visualizar una metáfora de la enfermedad. Por eso la ciencia no alcanza a dilucidar ninguna visualización propiamente dicha, sino a penetrar en la realidad del fenómeno cáncer. En un punto concuerdo con la tesis general de este libro: la imaginación y la visualización serán creadores de fenómenos irreales a nivel humano; desde luego, no sabemos cómo se convierten en fenómenos reales. Toda nuestra energía vital se pone en función de lo que somos: fenómenos irreales convertidos en reales. Por eso podemos enfermar, por eso podemos curar.

Invito a leer el libro de Lorenzo como un texto oportuno y necesario. El hombre se encuentra en un punto crucial y decisivo de la historia: el deseo de conectar con la realidad es ya el imperativo del espíritu de esta época. Se trata saber en qué medida consiste ese imperativo, anunciado una vez por madame Blavatsky en La doctrina secreta.  En vísperas de la creación de la sociedad teosófica, el tema fue traído a la palestra pública occidental, como la experiencia de la sanación en contra de los avances de la ciencia natural.

 

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