¿Ciencia cognitiva: arte y cultura?

Dr. Callejas

En base a fuentes  darwinistas y  biológicas, y  con la perentoria adaptación al ambiente natural y social que se le designa, la ciencia de la cognición se fue introduciendo en los últimos años con relativo éxito en los campos del saber filosófico, la historia, el arte y la literatura sin ningún problema aparente. Los científicos de la neurociencia parte del criterio que los procesos cognitivos en última instancia determinan hasta qué punto el hombre se define como ser en su corporeidad biológica, en tanto van dependiendo de la capacidad evolutiva del cerebro y de los procesos neuronales según el campo de estudio que se destaque.

Sobre la rama de las ciencias sociales y el arte, la ciencia cognitiva propone cierto diagrama lógico según cómo funciona el aparato biológico en el momento de pensar en términos filosóficos, históricos y artísticos.

Una de las tesis que posee consenso entre los científicos cognitivos trata sobre  los procesos de la  en base al  pensamiento abstracto, ungido bajo categorías diseñadas en los procesos neuronales. Dependiendo, por ejemplo, del caso en que las abstracciones sean bien definidas y precisas, como en filosofía de la mente, la neurociencia destaca que el “estado de cognición puro” no está fuera de nuestra conciencia corporal. Como dice el Nobel de medicina Gerald Edelman en un reciente libro editado en español, El universo de la conciencia: cómo la materia se convierte en imaginación, nuestro cerebro es tanto el motor creador como facilitador de ese proceso cognitivo. Por ejemplo, la frase de Ortega y Gasset “yo soy yo y mi circunstancia” es en buena medida una analogía lingüística para explicar el estado de adaptación al cual el hombre se ve sometido en los ambientes que lo circundante. No existe una circunstancia filosófica, razonable en sí misma y especulativa y reflexiva que dé cuenta y que explique diáfanamente el fenómeno citado, sino el establecimiento experimental del hecho en tanto circunstancias que les son obvias. Lo que Ortega y Gasset expresa en la frase es la simplificación abstracta, conceptual, de un proceso cognitivo en su propia realidad biológica y evolutiva. Aquellos que han criticado por “biologizante” el concepto de “razón vital” del filósofo español, parecen ahora estar equivocados ante los progresos de la ciencia cognitiva.

Otro científico en el nuevo saber cognitivo, Antonio Damasio, ha escrito sendos trabajos (El error de Descartes y En busca de Spinoza) en los cuales intenta restablecer, desde la condición cognitiva, el desarme de la estructura fenomenológica del “Yo” y el “ego”. El “yo” no es la sustancia que se divida, como precisaba Descartes, y que tome forma de acuerdo al procesamiento social y cultural, explica Damasio. El “yo” es la entidad surgida de la relación entre neuronas a partir de la capacidad del cerebro desde el punto de enfoque de la conciencia adaptándose apropiadamente a las condiciones de la vida en función de preservar la especie. Por otro lado, el científico enfatiza en su segundo libro, En busca de Spinoza, que las relaciones neuronales son también capaces de producir antídotos contra los esquemas racionales y pueden trascender hacia una plasticidad emotiva, sensible, sobre la cual nacen los sentimientos como característicos de la urdimbre neuronal. Damasio está exponiendo, y esto tiene que ver de algún modo con el concepto de “razón poética” de María Zambrano, como el hombre ha podido sobrevivir gracias a que el cerebro ha evolucionado a tal punto, convirtiéndose en un generador de sentimientos y fuente de divinidad.

Hablando sobre este asunto, acerca de los sentimientos, la ciencia cognitiva ha desarrollado una específica investigación en el campo del arte y la literatura. Un grupo de científicos provenientes del área de la neurociencia ha creado un movimiento que se empeña por definir hasta qué punto es plausible la “poética de la cognición”. Se trata de verificar hasta donde una metáfora es parte también del proceso cognitivo y cómo los símbolos poéticos y literarios (cualquier teoría literaria) no son más que pensamientos abstractos en esa relación de complejidad. La poética de la cognición asegura que la historia y la literatura no son más que procesos creativos manejados por cerebro para adaptarse al universo multiforme plagado a veces de circunstancias adversas a la sobrevivencia. Por ejemplo, cuando García Márquez escribía Cien años de soledad creaba una adaptación simbólica y poética necesaria de la sobrevivencia del espíritu de Macondo. De no escribirse la novela, más allá de él, la cultura latinoamericana hubiese podido fallecer. Gracias a Cien años de soledad el ser latinoamericano sobrevive a las adversidades de la magia, el mito y las leyendas ancestrales.

En este sentido, cabe mencionar la labor decisiva de Mark Turner, quien afirmaba en un escueto pero profundo ensayo, The Literary Mind, que los procesos neuronales en sí mismos serian también literarios. Este descubrimiento atrajo la atención de muchos investigadores de la poética de la cognición, llegándose al consenso de que la producción de metáforas y textos, la “ironía cervantina” incluso como técnica narrativa, constituyen formas del mecanismo neuronal dentro del proceso de cognición. Más allá de cualquier texto literario, el problema ha sido determinar cómo, por ejemplo, Shakespeare pudo idear su imagen de la tragedia en el teatro isabelino. La pregunta podría ir en la siguiente dirección: ¿es hoy la literatura una necesidad para la supervivencia humana?  Si la mente y el cerebro constituyen productos evolutivos de sobrevivencia y adaptación, si las redes neuronales son en sí mismas metafóricas, narrativas, entonces la literatura es por añadidura un medio adaptativo-generativo de la evolución humana. Puede que con el correr de la evolución este mecanismo cerebral se transforme y, por tanto, desaparezca ante otro importante y necesario proceso.

Hasta el momento la ciencia de la cognición, la poética cognitiva, penetra en el ámbito de la literatura y produce varios estudios sobre obras de importantes figuras. Uno de los más interesantes versa en torno al cuento de Jorge Luis Borges La busca de Averroes. Borges expone cómo la labor de la literatura se forja circunstancial a los textos narrativos y deja entrever que aún falta algo: falta el espíritu que lo ha producido. Falta el estudio del sujeto, de él mismo como creador y productor de metáforas. En el cuento queda la duda de por qué los textos se adaptan, arrastrados a otras circunstancias culturales e históricas, sin ningún problema de fondo que se lo impida. Falta la explicación, sugerida subrepticiamente por Borges, de la evolución adaptativa de la literatura como supervivencia.

En un estudio teórico que llevara a cabo Lisa Zunshine en  Why We Read Fiction: Theory of Mind And the Novel, el denominador común gira en torno a cómo la ficción literaria busca esclarecer las razones de la inevitable relación de dependencia entre el sujeto narrativo y el objeto narrado. Otra variante, muy parecida, se da en los estudios históricos. Por supuesto, dentro de esta adaptación hay per se una evolución literaria. La supervivencia se traslada ahora más al “tema literario”, al “personaje en la historia”, que a la belleza del texto y los embrujos de las metáforas. La necesidad literaria exige del lector y de redes neuronales capaces de entender el tema del “sentido de la vida”, que es en definitiva la manera de cómo el cerebro concibe la evolución de la conciencia para adaptarse a cualquier medio de la sociedad y de existencia que se le imponga. De hecho, novelas de reciente factura como El hombre que amaba los perros, de Leonardo Padura, El enigma Spinoza, de Irvin Yalom y La mujer del coronel, de Carlos Alberto Montaner –por citar solo tres ejemplos–, sacian las necesidades neuronales. ¿Por qué? Durante los últimos cien años el hombre se ve envuelto en el peligro de desaparecer a manos de la ciencia atómica y del poder de los totalitarismos. El hombre necesita saber cómo sobrevive a ellos. ¿Cuál ha sido la conciencia de la sobrevivencia? Spinoza, judío al fin, propone la libertad individual. Paradójicamente, el ideólogo del Tercer Reich, Alfred Rosenberg, lo ama por sus ideas libertarias, pero estremecido por su origen hebreo. De igual modo, la narrativa de El hombre que amaba los perros obedece más a discernir el estado de conciencia de la sumisión, de los intríngulis que llevaron al asesinato de Trotsky, que al planteamiento literario de la belleza de la obra como arte.

Así las cosas, en el ámbito de la historia y la literatura, los mecanismos de adaptación van cambiando, puesto que el hombre a la larga no dependerá tanto de la literatura, la lectura o la escritura, sino de las imágenes virtuales. El hombre se mueve hacia una nueva adaptación que pronto allanará el camino de la conciencia. De ahí el paradigma de los diseños de las estructuras neuronales. ¿Cómo? Estoy sintiendo la transformación. Va quedando la “fe”, lo que va siendo una “creencia” lejana pero actual, como nos dice Ken Wilber en su Modelo de espiritualidad integral, a través del esquema de la evolución espiritual que propone. La literatura viene a ser, según ese esquema, la fe de lo que fue la creencia adaptativa necesaria e importante de la sobrevivencia. Se pierde la “creencia” pero queda la “fe”.  Lo defiende el Nobel de literatura Mario Vargas Llosa en La civilización del espectáculo: se intenta restaurar la creencia en la literatura mediante la fe. Nadie cree en la literatura, pero queda la fe.

Si se trata de la evolución como la definen los científicos de la neurociencia y la ciencia cognitiva, el conservadurismo será en lo adelante la tendencia que demorará la realización de cualquier proceso adaptativo natural  sobrevivencia. Ahora Internet se apodera de los medios de comunicación y crea una profunda duda en la supervivencia humana.  El esfuerzo científico de la humanidad, de la ciencia cognitiva, estará dirigido en los próximos años en comprender el cambio de adaptación biológico y neuronal de la especie en imágenes virtuales. Quien no se adapte a este nuevo cambio, perecerá. En este sentido, Darwin tendrá razón nuevamente: el más capaz se adelantará y otros le seguirán.

 

 

 

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