Charlot vs Psicoanálisis: la poética de la anormalidad cultural

Ángel Velázquez Callejas

He leído en una carta de Freud que Charles Chaplin no era un gran actor. Al menos a Freud no le gustaba como un ente escénico. Y debido a que Chaplin se ceñía a un solo personaje, al Charlot –vagabundo, melancólico y solitario– no lo podía psicoanalizar, traer como a las demás personas de vuelta a la normalidad de los estándares sociales y culturales. Charlot –según Freud– no  representaba el arquetipo social, el objeto de la ciencia psicológica. Charlot se convirtió en la existencia del fracaso del psicoanálisis. Charlot, naturalmente, negaba a Freud. De modo que la actitud intransigente de Freud contra  Charlot -negándolo- provocó en los intelectuales la creación de la antípoda  del psicoanálisis. La gran beta crítica contra el psicoanálisis nace con el arte y la literatura.

Un escritor de novelas eróticas, D. H. Lawrence,  fue el primer oponente tácito del psicoanálisis. Se opuso a la teoría de la normalidad psicológica. Negó la idea de que todos no teníamos que ser “normales” dentro de la gran mente colectiva. Charlot era para Lawrence el personaje metafórico transgresor del inconsciente en la mente colectiva. Charlot fue  símbolo de la anormalidad cultural. Los anormales constituían para Lawrence los  individuos al margen del hombre-masa. Desde luego, nadie entonces quería ser como Charlot. La multitud le admiraba; sentía la nostalgia, amaba el anhelo de  libertad, el eros de perderse fuera de las reglas de sociedad colectiva.  Pero la idea de normalidad social –tonta creencia para Lawrence– se lo impedía. Lawrence decía que Freud era el verdadero enfermo de la mente colectiva, el problema del psicoanálisis.  Nunca optó por el auto-psicoanálisis. Que Charlot fuese poeta de la psicología profunda es un hecho todavía desconocido en la historia de la libertad. A partir de Charlot el psicoanálisis y los pacientes enfermos  mentales quedaron psicoanalizados per se.

La actitud de Freud, del psicoanálisis, respecto el inconsciente, en virtud de los problemas psico-sociales de la cultura, con el objetivo de regresar  la muchedumbre a la normalidad, representaba para Lawrence una quimera. La normalidad para Charlot, consiste en  una atenuante temporal. El hombre en la naturaleza del psicoanálisis llega a la  uniformidad  con los demás. Psicoanálisis significa estandarización cultural, en virtud del ideal ascético y moral. Charlot a la unicidad. A la reproducción del único mediante sí mismo. Chaplin capturó la astucia de Charlot en las paginas   de El único y su propiedad de Max Sterner.

En la literatura, la actitud estándar acaba cortando las alas. En poesía existe la tendencia a la  actitud freudiana, a la normalidad psicológica. Al respecto cito: “Su esencia es la exploración para el ajuste espiritual de todos los problemas del ser, la búsqueda del alivio que repare ese mundo interior desordenado donde se desenvuelve la condición humana”. ¡Vaya boconada botiana! La poesía, con esta declaración, juega el mismo rol del psicoanálisis. Y lo hace imitando, falseando incluso, la actitud freudiana. Niega la poética de Charlot infantilmente. Lo que se propone la “poesía” con actitud del psicoanálisis es sacar  al aire los problemas del “ser”, con el fin que el individuo se ajuste  a la normalidad –a la moralidad– estandarizada de la sociedad.

La poesía estandarizada no puede sacar nada provechoso, dijo Lawrence, si el espíritu no constituye la  superación y liberación del individuo.  ¿Por qué aparece la “poesía estandarizada”?  morfológicamente alivia el malestar de la  existencia. El malestar volverá al estado espiritual de Charlot. El miedo a Charlot produce el psicoanálisis; el miedo a estar solo produce el  ordenamiento del ser respecto a la moralidad de la sociedad. Y la normalidad no lleva a la  liberación.

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