Catauro cubano, mamotreto de cubichería

Por: Galán Madruga

Vivo Fernando Ortiz, no permitiría la forma en que se editó en 1985 el   Nuevo catauro de cubanismos. Editorial de Ciencias Sociales no contó con los superpuestos originales de la primera edición de 1923. Sin embargo, Nuevo catauro de cubanismos constituye una versión mas del  racionalismo positivista de la organización  alfabética de las cubicherías. La primera edición   Ortiz la concibió al margen de toda ordenación y clasificación académica y trasgredió ex profeso normas de alineación alfabéticas de los cubanismos. En la década del 20 el antropólogo cubano había intuido para tal ordenación una suerte de poética del espacio y de la existencia cultural escrita en un conteiner.

Nombrar Catauro la colección de voces o “mamotreto de cubichería implicaba  entonces en la visión del autor el uso metafóricos para vocablos cubanos como alegoría al  contenedor y al espacio. Así comenzó a intuir el sabio de la cultura cubana una geometría para catauro de voces cubanas . Desde luego, como suele suceder en  la narrativa  historicista y en la búsqueda de la finalidad del factum (quiénes somos y hacia dónde vamos) de cualquier cultura, Ortiz se desvió y se enfocó decididamente en los procesos dinámicos  de la transculturación.

Paradójicamente, antes de morir en 1969, 50 años después de la primera edición del “mamotreto de cubichería, Ortiz sugirió leer a  Catauro como una metafora de lo  espacial. Dijo: “en un catauro lleno, las cosas se revuelven. No hay orden alfabético en un catauro”. Ese era el sentido originario  de la edición de 1923. El orden y el caos en una determinada coordenada espacial.

No obstante, la lexicografía del cubichirismo ontiano contribuyó  para que  lingüistas, poetas, investigadores y folcloristas, desarrolladores de narrativas horizontales del deje” y “habla”  obviaran  una teoría “cubanística”catauro representaría en manos  de creadores la estética del espacio,  una suerte de ontografía de la existencia del “habla cubano” en el espacio y conteiner. Lo que se revolviera  dentro de catauro serían  cubicherías,  en el mismo sentido en que los  geómetras cosmológicos concebían  la  existencia de la tierra en el espacio. Para  geómetras y astrónomos la Tierra descansaba  en  base un contenedor imaginario en el vasto universo. Para ontólogos bibliográficos, el libro como catauro constituye una metafora de embace  para la existencia de la escritura. La existencia de cualquier texto yace ordenado en cajitas de ficción.

 

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