Cárdenas coloca su mitra en Guantánamo.

Por: Gadiel Hernández

Muy reciente se ha conocido la noticia del nombramiento del padre Silvano Pedroso, como nuevo Obispo de Guantánamo Baracoa. Despues de un año aproximadamente la diócesis vuelve a estar ocupada, después de una vacancia de menos de año y medio, cuando Francisco nombró a monseñor Willy Pino, tercer arzobispo de Camaguey. La prensa ha llenado titulares por el hecho de ser el padre Silvano el primer sacerdote negro de la historia de Cuba en acceder al episcopado. Es innegable que este ha sido un nombramiento político de gran consideración en el que la raza del padre Silvano a un enterado de cómo funciona hacia dentro la Iglesia cubana, es exactamente lo menos relevante.

Un breve comentario sobre el más evidente de los signos del nuevo obispo. Es una realidad que en Cuba casi no hay sacerdotes, ni negros, ni blancos, ni mestizos. Que la iglesia es pastoralmente miserable y que los medios de ejercer la pastoral se ven limitadas por las penurias económicas del clero, de los agentes de pastoral y de los laicos. En ese contexto, la distribución racial de la Iglesia en Cuba es aplastantemente blanca, hay muy pocos sacerdotes de raza negra, incluso en poblaciones como Matanzas, La Habana, Santiago de Cuba o la propia Guantánamo, donde la correlación porcentual de habitantes negros o mestizos es mayor al resto del país. Tampoco en esas poblaciones, el clero es efectivamente una expresión refleja de lo que es la población racialmente.

El nombramiento de un obispo negro es claramente un símbolo de una Iglesia cercana a la realidad social cubana y más parecida a la población de la diócesis que el nuevo obispo gobernará, después de su consagración episcopal y toma de posesión. Es coherente con la línea progresista del papa Francisco en cuestiones sociales y su persistente labor de “democratización” de la Iglesia desde 2013. Será además un elemento que beneficiará al nuevo obispo de esta joven diócesis cubana que recién cumplió 20 años, que ha tenido tres obispos, todos nombrados desde afuera, porque allí no hay clero “nativo”, un villaclareño obispo auxiliar de La Habana y un cura de Camaguey han sido sus anteriores prelados, este es un sacerdote negro nacido en Cárdenas, que también viene de La Habana, como el primer obispo.

El nuevo obispo, coincido con el blog 14yMedio, es un hombre pobre, prudente en sus gastos, tanto en los personales como en los de la parroquia y de una vinculación popular innegable. Silvano además es un cardenense nacido en una familia multiconfesional, y de una ciudad abierta y que en su momento compitió con La Habana y con Matanzas y con Camagüey por ser la más culta del país. Le favorece ese origen al nuevo miembro cubano del Colegio episcopal.  Es un educado sacerdote, que además de una voz muy favorable a la locución, es un caballero excelentemente educado, siempre habla bajo, que pudiera ser muy atractivo para los jóvenes de la más joven diócesis cubana que muy pronto cumplirá 20 años.

El nombramiento del padre Silvano Pedroso para Guantanamo Baracoa es claramente político. Pero quizás no en los marcos de su color de piel. Silvano Pedroso es un hombre cercano al círculo del cardenal Jaime Ortega, formado por el anterior arzobispo de La Habana desde su entrada al seminario desde la cercana diócesis de Matanzas, de la que el cardenal es originario y particularmente de Cárdenas, la primera parroquia de Jaime Ortega, recién ordenado sacerdote en la década de los 60´. Silvano fue uno de los primeros sacerdotes ordenados para el clero habanero despues que Ortega fue creado cardenal en el Consistorio de 1994. Silvano, antes de ser nombrado obispo había sido asesor de la pastoral juvenil que es una sensible responsabilidad eclesial que Silvano desempeñó con prudencias, sin efectismos y de la que salió discretamente.

Silvano fue nombrado por el cardenal en 2004 con menos de 10 años de ordenado sacerdote para la interesante y compleja responsabilidad de ser rector de San Juan María Vianney, y párroco de Santa Catalina de Siena, sustituyendo en esa sede parroquial al fallecido en ese año Salvador Riberón, obispo auxiliar de La Habana. Ese mismo año, el cardenal comenzó a reunirse con Raúl Castro que antes de ocupar el rol de su hermano ya parece que preparaba sus herramientas políticas.

Desde 2004 el cardenal era llamado al Comité Central a discutir diferentes temas, con otros actores sociales, religiosos y culturales que antes no eran parte activa de nada en el país. En el medio de esa estrategia y por 9 discretos años hasta el 2013, Silvano fue rector de la casa sacerdotal. Este lugar, llamado por algunos católicos cubanos, con el choteo habitual, “Meliá Vianney” es una muy confortable instalación localizada en la tercera parte de un complejo enorme que abarca toda una manzana urbana en el centro de El Vedado.

La Casa Sacerdotal es uno de los legados del cardenal y su rector tiene que lidiar no solo con todos los miembros del clero que se reúnen los lunes después de las misas dominicales.  Es ese sitio se celebran diversos eventos de la Iglesia. Además del conocimiento humano, económico y cultural que adquiere el rector de ese lugar, capacita para lidiar con el clero, un grupo humano mucho más complejo de lo que pudiera pensarse. Es un magnífico escenario para un futuro obispo.

Ese desempeño habla por sí solo de la cercanía y confianza de Ortega hacia Silvano en los años en que la arquidiócesis habanera montaba Espacio Laical, inauguraba, con la presidencia de Raúl Castro una nueva sede del Seminario interdiocesano San Carrlos y San Ambrosio, alejado del centro de la ciudad y se preparaba para su rol en el deshielo de las relaciones de Cuba con EUA, con el papel superstar que jugó Ortega en la negociación que sacó del país a los expresioneros de la Primavera Negra. Esos fueron los cruciales años en que Silvano era rector de la casa sacerdotal, eficiente y discretamente.

Silvano que también fue responsable de la Pastoral Vocacional de la Arquidiócesis en los años del boom vocacional posteriores a la visita de Juan Pablo II a Cuba en 1998. Silvano Pedroso, nuevo obispo de Guantánamo Baracoa es un hombre de Jaime. Como lo fue Carlos Baladrón, el primer obispo de esa diócesis, hasta que una situación de escandaloso alcoholismo y abandono de las funciones pastorales afectó la salud mental y la propia integridad de la diócesis que llevó a su autorenuncia en 2006, forzada por el propio cardenal y que sacó rápidamente del país a su antiguo sacerdote campanita, que los años y el calor del oriente cubano vieron doblegarse ante la dureza de ser obispo en Cuba comunista. Monseñor Baladrón es bien recordado por haber declarado que no hubo persecución religiosa en Cuba, luego que la Jornada Mundial de la Juventud en Montreal en 2003 significó un éxodo de jóvenes, del cual, el obispo fue responsabilizado.

Pablo VI determinó que el fin legal del gobierno episcopal es los 75 años. El nombramiento de Silvano Pedroso a los 65 años habla de una carrera eclesiástica limitada, en la elección del sacerdote para la lejana Guantánamo. A los 10 años, el nuevo obispo encontraría el retiro obligatorio según el derecho canónico, habla por sí solo como una carrera limitada, a un ciclo de formación sacerdotal, además de la progresista incorporación de un hombre negro al episcopado, probablemente, el nombramiento de este nuevo foráneo a la sede de Guantánamo Baracoa va dirigida a propiciar el incentivo del incremento de vocaciones propias en la diócesis que después de 8 años, el nuevo obispo pudiera ordenar, al borde del retiro.

La conferencia episcopal cubana buscaría con el nuevo obispo un contrapeso al crecimiento del “partido de Camagüey” que ya ocupan 4 diócesis del país, incluyendo La Habana. El partido de Camagüey está formado por un grupo de viriles obispos, muy preocupados por la pastoral, en general políticamente menos “dialogueros” que el cardenal, alejados de los medios y en general discretos, por cierto, con excelentes resultados a nivel de extensión de la Iglesia, como institución. Como hombre del cardenal, Silvano Pedroso se pone en un punto medio como hombre prudente, con mucha más experiencia que la que parece a simple vista, pese a no haber hecho estudios en Roma o en alguna academia eclesiástica, lo que ha sido conveniente para él, porque durante 23 años ininterrumpidos ha estado en Cuba como sacerdote.

Un obispo como Silvano, puede que sea más tendiente sin embargo con el gobierno en la región oriental donde la represión del régimen contra los opositores ha aumentado considerablemente. Un gobierno, por regla más intransigente ideológicamente que los de occidente, una región, además muy empobrecida, donde la inercia del fracaso socioeconómico y moral del régimen, se evidenció en las lamentables escenas del huracán Matthew –fecha en la que Francisco nombró a Willy Pino como nuevo arzobispo de Camagüey– en la destrucción de la ciudad de Baracoa, donde está la concatedral del nuevo obispo. Donde curiosamente estuvo la primera sede de la Catedral de Cuba, cuando fue creada la a principios del siglo XVI.

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