El canon de la literatura cubana de la diáspora: Rafael Piñeiro (poesía)

Por. El poeta en actos

Paul Celan tiene un verso en prosa que dice: “La poesía ya no se impone, ella se expone”. Con esta invertebrada pero concisa  expresión,  Celan definía  a su modo  lo que es la poesía: la poesía no es el verso que da y que incrimina, sino el lenguaje que  recibe y se  abre en determinadas  condiciones sociales. Es en la segunda aprensión del verso de Celan, en la que la poesía nos recibe y nos acepta al comparecer en medio del mundo, que se puede utilizar para descifrar, al grandes rasgos,  la forma, el espectro,  en que está concebido el poemario de Rafael Piñeiro López, Los hombres sabios (Neo Club Ediciones, 2015) Dos son las tendencias que avivan al cuaderno: primero, cómo la experiencia y el testimonio pasa por el enfoque y la visión metafísica (sobre lo grande y lo alto, intentando tomar el vuelo para escaparse) y segunda,  cuando llega el momento del aterrizaje, del poema  que se expone así mismo  en medio de la cotidianidad del presente, frente a las pequeñas cosas del diario vivir.

No dudo que la transformación a la que nos hemos referido en base a las dos tendencias, tenga como cimiento  y escenario la isla castrista. De ahí el primer impulso; de ahí el juego metafísico que impone aprender para  volar de allí. Una vez fuera de Cuba, en el exilio,  el poeta se haya expuesto a convertir el poema en liberación, en su propia lengua, pero  observando  las cosas como fuente de autoridad y de vida. Allí donde había que batirse frente a los grandes discursos, ahora la existencia  reclama al poeta un gran olvido. Lo expone ante la veracidad de la realidad inmediata y desbordante. ¿Qué significado tiene para el poeta  la familia y el entorno más próximo? Para decirlo con Heidegger, qué significa la cercanía y la conjunción con el otro. Hay que entender que los hombres sabios han de buscar en lo efímero y más cerca lo más grande.

Para ello, el poeta desarrolla una escritura fragmentada, simple pero  en forma boscosa y  densa, donde la subjetividad demanda un lector colectivo. No habla únicamente para él, sino que ofrece su  testimonio para todos. Se expone como la poesía lo hace para  todos, subrayando la ruina, el desencanto, las privaciones, las vejaciones dejada atrás,  para luego, en otro lugar, recrease en su creación: en su familia y su entorno. Todo como un espectro.

Quizás uno de los poemas que resuma mejor lo que he dicho, se titula precisamente Espectro: Lo dejo como introducción a una lectura donde todo se vuelve constelación y sabiduría.

 

Ha creado el mago

de tricornio azuloso

entre vapores de tierra

casi celestial

y bajo las órdenes precisas

de algún Dios

a un Adán dormido

a la usanza de Borges.

Un fantasma

arropado entre los vaporosos

sueños del gnóstico y el fuego.

 

Y andará el hombre rojo

a través de la simiente engendrada

en las entrañas de la lava ardiente

sin sospechar siquiera

su condición de espectro creada

a imagen y semejanza

de otro

espectro como él.

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