Astrología y literatura: apuntes para un estudio académico

Por: Daniel Fernández

Son muchas las conexiones entre astrología y literatura. Hay astrólogos que escriben con calidad literaria como Alan Leo, que usa su propia carta natal como herramienta didáctica y a la vez de línea narrativa autobiográfica en The Key to your own Nativity; y Linda Goodman, que en sus poéticos libros (Sun Signs, Love Signs) habla de los signos zodiacales y sus relaciones con una belleza extraordinaria, y comienza los capítulos con ingeniosos exordios tomados de las obras de Lewis Caroll. Dane Rudhyar (también novelista y compositor) escribió hermosos libros astrológicos, en especial  Sabian Symbols una suma poético-astrológica de los 360 grados del zodíaco.

Hay numerosos escritores que han usado la astrología en sus obras, de Shakespeare a Henry Miller, de Lezama Lima a Vicente Leñero. Muchos escritores de fama imperecedera han creído y hasta utilizado la astrología para confeccionar sus personajes. Flaubert se mandó a hacer su carta natal y Andre Gide, en su diario, explica cómo se combinan en su personalidad los signos de Escorpión y Sagitario, por haber nacido en el día entre ambos, el 22 de noviembre (el mismo de George Eliot).

Pero no son esas conexiones las que explora este trabajo, sino aquellas que, inmerecidamente ignoradas, podrían tener una indiscutible utilidad académica a la hora de estudiar a los autores y sus obras.

El movimiento New Age, que puso de moda la astrología y otras disciplinas ocultistas en la década de 1960, dio lugar a una verdadera oleada de libros y publicaciones sobre el tema, amén de afianzar la larga tradición de los horóscopos en periódicos y revistas. Esa popularidad tuvo una secuela negativa, la proliferación de farsantes, libros de pacotilla y horóscopos revisteros sin la menor base astrológica. Como todas las profesiones, la de astrólogo no está exenta de la corrupción y el fraude.

Existen pruebas de que en Roma, en el siglo II, ya se usaba la astrología a nivel de individuos simples y comunes. Ya no era un instrumento de poder y privilegio como en los principios de la civilización en Egipto y Babilonia, sino que todo el que pudiera pagar el servicio de un astrólogo podía saber la personalidad y el futuro del niño recién nacido o si al consultante le habría de ir bien en el negocio o si su personalidad era compatible con la de su futuro cónyuge.

El cristianismo luchó y lucha aún contra la astrología porque es un enemigo natural de las religiones que la ignoran. Sin embargo, en la Biblia tenemos muchos pasajes que reconocen las “señales del cielo”, especialmente, el famoso episodio de los “Reyes Magos”.

San Agustin repudiaba la astrología, pero no por falsa, sino por peligrosa. Todo conocimiento implica poder, y si es conocimiento contrario al dogma, implica un choque de poderes tarde o temprano. En cambio, San Gregorio Magno y su discípulo, Santo Tomás de Aquino, la respetaban y practicaban sin considerarla herética.

Tanto esta oposición de las religiones como los practicantes sin escrúpulos y los escritores sin profundidad han contribuido a que hoy día todavía se vea a la astrología como una superchería, pasando por alto que fue la columna vertebral de las civilizaciones antiguas de Egipto, Mesopotamia, México, Perú y otras. También fue muy importante en Grecia y Roma; aún hoy las constelaciones, los planetas, satélites y hasta asteroides llevan nombres de dioses, héroes o personajes de la mitología grecorromana.

También se olvida que la astrología fue el primer intento de sistema sicológico que explicara el alma humana a través de los arquetipos y que la conectara con el cosmos. El sicólogo Karl Gustav Jung reivindica ese legado en varios de sus trabajos.

Y es en este aspecto que la astrología podría convertirse en un valioso instrumento para el análisis literario y los trabajos académicos, en una nueva “ciencia diagonal”, como diría Caillois.

Este uso de la astrología puede tener dos vertientes fundamentales, la que considera el signo astrológico de los autores, y la que analiza sus obras como expresión del signo. Para los que no le dan autoridad a la astrología esto podría parecer descabellado, pero en cuanto se profundiza un poco se ve la posibilidad de encontrar nuevas luces y de establecer un nuevo horizonte para la literatura comparada.

Sus posibilidades se multiplican una vez que el análisis va más allá de la simple consideración del signo zodiacal del autor, determinado por la posición del sol en el zodíaco a la hora de su nacimiento, para tomar en cuenta otros factores como el ascendente, la posición de otros planetas y la relación entre estos. Ese estudio más profundo fue lo que hizo cambiar de opinión a los esposos Gauquelin, quienes, empeñados en “desenmascarar” a la astrología, al aplicar un método científico en su estudio, empezaron a encontrar “coincidencias” que rebasaban toda probabilidad lógica. Por ejemplo, el caso de deportistas señalados que presentaban siempre aspectos planetarios favorables con el planeta Marte.

El análisis de la carta astral de un autor permitiría ver cosas en su vida y su obra que posiblemente un estudio convencional menospreciaría o dejaría en el enigma.

El mejor argumento que hay a favor de la astrología como herramienta sicológica es que prácticamente nunca las personas dejan de identificarse con el arquetipo de su signo, y hasta se sienten orgullosas de ser Leo, Piscis o Acuario. Se identifican también con personalidades y escritores de ese signo.

Veamos algunos ejemplos de cómo podría funcionar la astrología y sus arquetipos a la hora de estudiar autores y obras. Tomemos el signo de Sagitario, que por ser el mío, me permite recordar más autores nacidos bajo este.

Este signo ocupa la casa novena en el “horóscopo en reposo”, que representa viajes, filosofía, trascendencia, afán de explorar e innovar y hasta de revolucionar. Hay mucho más, pero ya esto nos da una idea.

Esta “conexión sagitariana” nos permite descubrir por ejemplo un buen número de autores que, habiendo nacido en otro lugar, por distintas circunstancias adoptaron otra lengua, cultura y nación. Carpentier, Lispector, Conrad, Santayana, Sánchez-Ferlosio, son algunos de los escritores sagitarianos que caen en esa condición.

El saber el signo de los autores nos revela puntos de contacto en detalles que a simple vista pasan inadvertidos y que nos permiten conectar autores aparentemente disímiles como a Flaubert con  Mark Twain por el humor cáustico y el amor a los viajes y a la novela histórica, o reafirmar las coincidencias evidentes, como las de Rilke con Lezama, las de Lispector con Emily Dickinson, las de Eluard, con Martínez Villena y Pablo de la Torriente Brau, o las de Jane Austen con George Eliot y Louisa May Alcott. También es un signo dado a las innovaciones formales (Jonathan Swift, Laurence Sterne, Noel Coward) y muy en especial a la ciencia ficción, Swift, C. S. Lewis, Arthur C. Clark y Philip K. Dick. Los últimos tres autores tienen mucho en común.

Si pasamos al signo de Leo nos encontramos con los más prolíficos, como Dumas padre, Jorge Amado, Raymond Chandler, Aldous Huxley, Eduardo Mallea o Lucio Cardoso. Leo es el signo de grandes líderes, como Bolívar, pero también de dictadores y soberbios. Alejandro Magno, Napoleón, Mussolini, Fidel Castro, Hugo Chávez, Obama… Sabido esto, se puede hacer una nueva lectura de El conde de Montecristo o de Doña Bárbara (y curiosamente, Rómulo Gallegos también fue presidente). En cuanto a obras, se puede comparar la mencionada novela de Dumas con Cumbres borrascosas, donde también el personaje leonino de Heathcliff orquesta una venganza y toma la justicia por su mano. Se puede encontrar correspondencia, por temas y abundancia literaria, entre Dumas y Salgari.

Otra característica literaria del Leo escritor es su facilidad para el diálogo y no es coincidencia que haya tantos dramaturgos en el signo. En Cuba por ejemplo: Milanés, Luaces, Virgilio Piñera, Arrufat, Hector Santiago y otros. Al saber que ciertos autores tienen el mismo signo es más fácil entenderlos y encontrar puntos de contacto, como entre Mallea y Rojas Herazo o entre Maupassant y Miguel de Carrión.

Las contradicciones del signo de Libra quedan muy bien expresadas en Oscar Wilde que escribió hermosos cuentos infantiles y la tenebrosa novela El retrato de Dorian Gray. Ese afán de denunciar la máscara social que oculta horrores profundos lo podemos encontrar en otro gran escritor de Libra: Choderlos de Laclos; mientras que la doble vida, con la homosexualidad en el closet la vemos en T.S. Eliot, en cuya poesía hay correspondencia con la de Wilde. Con Faulkner y Scott Fitzgerald se representan las antípodas del signo, pero en este abundan escritores de una magia especial como Calvino, Fournier y Felisberto Hernández, creadores de un mundo personal que en cierta forma los emparienta con Wilde, una vez más.

Si sabemos que los de Acuario tienen muy en alto la amistad, veremos el tema recurrentemente en Martí, Virginia Woolf, Dickens y Colette, autores que de otra manera nunca se nos hubiera ocurrido comparar. Aunque se nos hace evidente comparar a la Woolf con Joyce. También hay muchas coincidencias claras entre las vidas de Martí y Lord Byron, y puntos de contacto entre la obra del poeta cubano y la de Lewis Carroll.

Hércules Poirot es el personaje típico Virgo, quisquilloso, soberbio, criticón, casi ridículo, pero a la vez penetrante, observador, brillante en sus deducciones, profundo, elegante y compasivo. Su prodigiosa memoria recuerda al Funes de Borges. Otra característica de Virgo que lo destaca es su amor a los viajes y su disfrute de los pequeños placeres de la vida. Agatha Christie inmortalizó en su personaje lo peor y mejor de su propio signo. Aunque Virgo es mucho más que eso, baste citar a Borges y a Luis Cernuda, en cuyas poesías podemos encontrar similitudes. También están los genios como Goethe o Tolstoi que encarnan el aspecto más alto de lo filosófico del signo.

Los escritores de Virgo suelen ganar una popularidad duradera que cautiva tanto a los intelectuales como a la masa, como Christie, H. G. Wells, Edgar Rice Burroughs, Mary Shelley, Stephen King, O’Henry, Gautier, Camilleri, Borges y Cortázar.

Cáncer es un signo muy marcado por la infancia, la recuerda y la recrea recurrentemente, y gusta de tomarla como clave de la vida. Y eso une a autores tan distintos como George Sand, Proust, Kafka, Cocteau, Frederick Dard (San-Antonio) y Saint-Exúpery.

Las correspondencias entre signos son a veces más fuertes que las que resaltan dentro de una generación o de un país e iluminan más a la hora de entender un autor, su vida y su obra, por eso  señalo ocasionalmente personalidades del signo en otras disciplinas o artes.

Tauro también es muy prolífico, y lo vemos en Balzac, Nabokov, Trollope, Cabrera Infante o Zoe Valdés; muy preocupado por lo material, las descripciones, y todo el despliegue de los sentidos.  La sensualidad y el sexo están muy presentes en la obra de los mencionados.

Géminis tiene fama de polifacético, y en ese sentido, ningún mayor ejemplo que Pessoa (que quiere decir persona en portugués), quien escribía con varios nombres. Inventaba el personaje y lo ponía a escribir. Revolucionarios en más de un sentido, estos escritores y sus personajes suelen ser transgresores y furibundos críticos del orden. Estos puntos de contacto unen a Wagner (que escribía sus libretos) con el Marqués de Sade, y a Thomas Mann con Rushdie, Ginsberg y Walt Whitman, en los que, sin esta pista, posiblemente no encontraríamos la relación.

De igual manera, podemos considerar puntos de contacto entre Dostoievsky y Robert Louis Stevenson, de Escorpión, ambos con salud precaria, adicto uno al juego y el otro al alcohol, que reflejaron en sus obras la tendencia autodestructiva que puede darse en el ser humano. El jugador se emparenta con El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hide, pero se pueden encontrar muchas correspondencias en la obra de ambos. Escorpión ocupa la casa de la muerte y el sexo en el horóscopo en reposo, y su novela símbolo sería la Drácula, de Stoker. Un precursor del vampiro en literatura es el cuento Olalla, de Stevenson. A los amantes de la poesía les dejo la tarea de encontrar los lazos entre San Juan de la Cruz, Sor Juana Inés de la Cruz, Paul Valery y Jaime Gil de Biedma.

Para seguir con poetas, si no sabemos que son Aries, no captaremos la conexión entre Andrew Marwel y Teresa de Jesús.  En cuanto a novelistas, este signo une, por su afán de retratar toda una época, a Zola con Henry James; y en la pasión por la historia, a Heinrich Mann con Thornton Wilder. Hay en los mencionados y en todos los de Aries un deseo casi bélico de salirse del molde y de transformar la sociedad de su tiempo. Zola incluso lo logró parcialmente con su Yo acuso. Casanova por su parte vivió rompiendo las reglas, lo cual lo hizo pasar varias veces por la cárcel. Pero al problemático y polifacético Le Clezio, le valió el premio Nobel.

Los de Capricornio son también muy sensuales y filosóficos, compartiendo características con los otros signos de tierra: Tauro y Virgo. Henry Miller, quien en Fricasé astrológico narra cómo su astrólogo lo salvó de la muerte en una ocasión, es típico autor y personaje que confesó que solo escribía sobre él y sus amigos, porque “lo demás es literatura, y la literatura no me interesa”; desplante característico del signo que cuenta entre sus personajes destacados a grandes iconoclastas como David Bowie, Marlene Dietrich o Mao Zedong. Otro que representa al signo por su humor negro, su melancolía y trágica visión de la vida es Edgar Poe, precursor de la novela policíaca, donde se destacan otros precursores e innovadores capricornianos como Federico Soulié, William Wilkie Collins y James Hadley Chase. Aunque en este género hay destacados de todos los signos, llama la atención que los tres primeros (Poe, Soulié y Collins) hayan sido de Capricornio.

Piscis es el signo del sueño, la profecía, pero también encarna lo misterioso, la magia, el caos, el surrealismo, los extremos en lucha. Se supone que la humanidad atraviesa aún la Era de Piscis, donde  hasta las religiones son motivos de tremendos conflictos. El autor Piscis por excelencia es Julio Verne quien dibujó el futuro como un profeta, pero también vislumbró el caos al que nos llevaba la modernidad, y por eso su Capitán Nemo es un… terrorista! En Verne se dan todos los vericuetos del signo porque también se le atribuyen conexiones con sociedades secretas, y más de un aspecto de su vida es un misterio, como el tiro que le dio un sobrino, que, al alcanzarlo la bala de rebote, lo hirió en un pie y quedó cojo para siempre. “Coincidentemente”, Piscis rige los pies.

En cuanto al aspecto onírico y caótico de Piscis (que tan bien llevó Buñuel al cine), se puede ver reflejado en la vida y obra de Boris Vian, mientras que la maravilla y la magia reinan en la de García Márquez. La situación dramática del individuo descastado enfrentado a la sociedad, la encontramos en Víctor Hugo, Ibsen y Kerouac.

He citado solo ejemplos someros, sin entrar a analizar ni las cartas natales de los autores (que no siempre son accesibles), ni profundizar sobre todas las características astrológicas de esas cartas que podrían reflejarse en sus vidas y obras. Cada signo daría material para un libro. Esto es solo una propuesta, y repito que el comparar autores con otras personalidades del signo puede ser esclarecedor.

Las proporciones de este trabajo evidencian que su intención es estimular a un estudio más profundo de esta conexión entre astrología y literatura con la esperanza de que algún día esta pudiera convertirse en una herramienta intelectual para el mejor conocimiento de los autores y sus obras.

 

Bibliografía

La lista de obras que tratan el tema es inabarcable; haga un search en Google y lo verá, pero podría servir al lector el comprobar por su cuenta mucho de lo señalado en este ensayo, al igual que leer las obras de Michel Gauquelin, o las de Alan Leo y de Linda Goodman ya mencionadas.

Es costumbre de los libros de divulgación astrológica el aportar al final de la descripción o las predicciones de cada signo, una lista de personalidades en la que figuran, lógicamente, muchos escritores, y esto también podría ayudar al curioso lector.

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