Armando Navarro Vega: la Cubanidad es una cosmovisión

Armando Navarro Vega

La Cubanidad es una cosmovisión, una forma de asomarse al mundo y entenderlo a través de tradiciones, creencias, mitos, costumbres, pautas de conducta y de comunicación. En palabras de Don Fernando Ortiz, “es principalmente la peculiar calidad de una cultura, la de Cuba. Es condición del alma, complejo de sentimientos, ideas y actitudes.”
La Cubanidad, como el ron añejo, es el resultado de un largo proceso de elaboración. La geografía jugó un papel determinante en su surgimiento. Una isla llamada Cuba, situada en el epicentro de las Américas y tocada tangencialmente por la majestuosa Corriente del Golfo, se convierte en “la Madre para poblar la Nueva España y abastecer la Tierra Firme”. Gracias a esa situación privilegiada en el camino marinero de ida y vuelta, confluyen y se fusionan vigorosamente las razas y culturas más diversas como en ningún otro lugar de la región.
Continuando con el símil del ron, esa diversidad confluyente representa las mieles finales con las que comienza el proceso de fermentación y destilación de la Cubanidad: el mestizaje. Ya tenemos aguardiente, pero aún queda un largo camino por recorrer.

La Cubanidad en ciernes necesita un proceso de maduración, de siglos en los que el “aguardiente” inicial se enriquece, se diluye para que adquiera el grado de alcohol adecuado, se filtra, purifica y mezcla con aguardientes de diferentes generaciones y momentos históricos para continuar añejándose. Siglos de avatares y tensiones, de difícil convivencia y aprendizaje colectivo, de lucha entre fuerzas centrífugas y centrípetas, de arraigo y formación de una identidad hasta alcanzar la excelencia del mejor ron añejo, cuando individualmente el cubano adquiere la conciencia de serlo, cuando el concepto deja de ser una condición genérica o circunstancial para convertirse en un rasgo esencial de lo que es y/o de lo que quiere ser.

Yo no puedo ni pretendo ser otra cosa que cubano. Pero para ello no necesito vivir en Cuba. Es más, hoy no podría ejercer allí mi Cubanidad, porque no tendría la posibilidad de vivirla y expresarla plenamente. Es lo que ocurre cuando la individualidad está proscrita. No añoro las Palmas Reales ni Varadero, ni tengo necesidad de pasear por el Malecón. El solo hecho de imaginarme allí me produce angustia. Como dijera la poetisa María Elena Cruz Varela, cuando me fui de Cuba no perdí un país, gané un mundo. Esa es la diferencia entre el desarraigo y la identidad.
La Cubanidad es portátil. Todo lo que veo, percibo y siento se objetiviza subjetivamente pasando por el filtro de mi herencia socio histórico cultural y de mis vivencias, desde la Alhambra de Granada hasta el Museo del Louvre, desde mi forma de entender y practicar la amistad hasta los acontecimientos políticos. Más allá de evidentes semejanzas, mi “decodificador de la realidad” es diferente al de un andaluz o al de un castellano manchego. El mío es un vitral habanero.

Cualidad y esencia no son sinónimas. No tengo nada que ver con los “aseres”, los “moninas” y los “consortes” de cualquier raza o condición, ya vivan en Cuba o en el extranjero. Todos los cubanos no son mis hermanos. La chabacanería no es un rasgo de la Cubanidad, es una actitud ante la vida que me produce rechazo y vergüenza cuando alguien pretende equipararlas.
En la epidermis hay cosas más amables que me provocan una sonrisa. La inmensa mayoría de los cubanos sería capaz de responder correctamente y sin titubear a estas preguntas: ¿A qué hora mataron a Lola? ¿Qué le pasó a Chacumbele? ¿Qué quiere el Bobo de la Yuca? ¿A quién tumbó la mula? Una más, ¿Qué guarda la gente cuando se muere? Esa complicidad es impagable, y alcanza sus cotas más elevadas cuando un cubano le dice a otro la frase “ya tu sabes” (incorrección gramatical incluida) que sintetiza magistralmente los saberes y “opiniones compartidas” acerca de un tema. Yo sé que tú sabes que yo sé, y no hay más que hablar.

No voy ejerciendo de cubano por la vida. No como arroz con frijoles habitualmente, bebo Gyn&Tonic, a las gavetas les digo “cajones” y a las fosforeras “mecheros”. Pero hay un día en el año en el que no hago concesiones. Me preparo concienzudamente y hago acopio de todos los ingredientes necesarios para cumplir con el ritual. Elaboro una cena cubana “con todos los hierros” y al terminar el festín me siento en el sitio más cómodo que encuentre, con un vaso Old Fashioned lleno de ron añejo y un puro. Al fondo se escucha a José Antonio Méndez cantando “Novia mía”. Claro, es Nochebuena.

2 thoughts on “Armando Navarro Vega: la Cubanidad es una cosmovisión

  1. Armando AMIGO. no se si me gusta más leerte u oirte, el caso es que bendigo el dia en que la diosa Fortuna te puso en mi camino. Un fuerte abrazo.

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